Capítulo Decimocuarto.
En el que se descubren los secretos de Treinta Cero, Arima, Arisa y Arianna.



El submarino salió a la superficie al cabo de un par de horas. Se asomaron a las ventanas y notaron que aun estaban en medio del océano, y no podían ver nada más. Kathe se acercó al grupo con una pequeña sonrisa.
- Bienvenidos a Treinta Cero, espero que hayan traído su filtro solar, porque hace mucho calor.
- Lo olvidé. – Respondió Jay. – Pero me arriesgaré si me prometen que allí abajo hay alguien que golpear.
- Ah, seguramente hayan montones de personas. – Le respondió la joven, su sonrisa aún firme en el rostro. – Vamos, tenemos que bajar pronto.

Se asomaron a la entrada y una vez más Kathe cerró los ojos.
Cuando esta vez una pequeña isla de no más de cien metros de diámetro en su zona más ancha, salió de abajo del agua, con algunas palmeras, y un camino que llevaba a una bonita cabaña en el medio, no le sorprendió a nadie.
Bajaron en la isla y Evan y Clara se acercaron para tocar las palmeras, presas de la curiosidad. Tal como suponían, toda la isla era completamente artificial e incluso la tierra parecía ser sintética.
- Todos a la cabaña, el señor William nos espera abajo. – Kathe abrió la puerta y se hizo a un lado para dejarlos pasar. – Vamos, rápido, rápido. – Los urgió en una voz cantarina y todos se apuraron a entrar.
- Era verdad lo del filtro solar. – Concedió Jay mientras entraba a la cabaña. – Hace un calor infernal.
- Gran parte del calor es generada artificialmente. – La chica sonrió. – Es parte del sistema de seguridad.
- Supongo que deben tener varios métodos para eso. – Clara se acercó un poco a la mesa y se sentó en una de las sillas.
- Tenemos más de veinte procesos de vigilancia y autenticación. Aunque ese numero puede ser una mentira. – Ella rió, mientras se acercaba a uno de los cuadros de las paredes (donde estaban retratados un pan y un par de jarrones) y tocaba el cuadro casi como escribiendo en un teclado. – Prepárense, porque el ascensor va a comenzar a bajar ahora.

Toda la casa se sacudió por unos segundos, y luego pudieron sentir la sensación, vagamente familiar para algunos de ellos, de un elevador bajando desde lo alto de un rascacielos.
Mientras más bajaban, más fresco se sentía el aire, y la sensación de sofocación comenzó a descender sensiblemente.
Por un momento tenso se miraron unos a otros. Si los enemigos estaban aquí y realmente planeaban acabar con la Red, todos corrían peligro apenas atravesaran esa puerta. Podían tener armas, podían freírles el cerebro, podía pasar cualquier cosa.

Otro pequeño sacudón los sacó del pensamiento colectivo, y Kathe se acercó a la puerta abriéndola una vez más.
- ¡Destino! – Les dijo pasando el umbral con un pequeño salto.
Ninguno de ellos la volvió a ver hasta muchos años después.



Evan se acercó a la puerta y se asomó buscando a William con la mirada.
Solo encontró un corredor, así que hizo señas al resto del grupo para que lo siguieran. Caminaron por el corredor, en relativa calma ya que se suponía que debían estar seguros hasta que se encontraran con William. Al final encontraron una puerta cerrada, y junto a ella una nota (un post it amarillo escrito a mano) que decía “golpee antes de pasar”.
Evan giró los ojos, golpeó la puerta y luego abrió.

Todos lo miraron por un momento, un poco preocupados porque Evan comenzaba a ser inmune a los métodos de su padre y eso en cierto modo podía asustar a cualquier persona.
- Llegué. – Dijo mientras cruzaba la puerta para encontrarse con William.
- ¿Qué te tomó tanto tiempo? – Respondió él desde su lugar en su oficina.
- Tuvimos algunos accidentes. Entre ellos un trío de maníacos hambrientos de poder que no nos querían decir a donde ir para salvar el mundo y un psicópata poseído por un espíritu descontrolado.
- Ah, si, escuché sobre Tyler. – William rió. – Pasa, y dile a tus compañeros que por favor pasen.


Todos, excepto Evan que parecía demasiado estresado para hacerlo, se sentaron en las sillas y sillones de la oficina.
Por supuesto todas las miradas iban y venían entre Evan y William, que solo se miraban.
Finalmente fue William el que habló (lo cual no era sorpresa alguna para las personas que conocían la relación muy particular de esta familia).
- Bien, ahora que todos están aquí, y que todas las firmas están verificadas voy a explicarles lo que está sucediendo.

Y con eso William se entretuvo mostrando planos sin descripciones de Treinta Cero, y explicándole al grupo que sus equipos de seguridad se habían encargado de la mayoría de los enemigos tradicionales, hasta que algunos sucesos desafortunados (que incluían armas de fuego robadas a los propios equipos) habían obligado a detener el uso de los métodos tradicionales.
Finalmente les mostró el camino al Santuario.
- El Santuario es el único lugar de Treinta Cero donde solamente podrá entrar Evan. – William rió por lo bajo. – Ya que el es el que obtuvo la autorización de Gabriel, y que descubra los secretos de los servidores no va a afectar al Grupo, ya que es el heredero.
- ¿Y para qué querría entrar al Santuario? – Evan frunció el ceño. – Si nadie entró no tengo porqué ir.
- No olvides que Arianna puede estar bajo ataque de Arima en este momento, y que Dominique puede estar involucrada. Lo mejor será que entres y compruebes que está segura.
- Bien.
- Paige, tu trabajo será asegurarte de que Evan sea la única persona que entre al Santuario, pero eso supongo que ya lo sabes.
- Por supuesto, señor. – Paige asintió, buscando discretamente su arma dentro de su bolso.
- Finalmente, el resto de ustedes pueden elegir permanecer aquí o acompañar a Evan hasta la entrada del Santuario. Puesto que no tienen responsabilidades con el Grupo también pueden solicitar retirarse.
- Yo me quedaré. – Jay sonrió, los puñetazos se acercaban y pocas cosas lo ponían de mejor humor.
- Yo también. – Erin que se sabía en buen estado físico y más que capaz de patear a un par de atacantes frente a la necesidad, sonrió.
- Yo preferiría permanecer aquí. – Clara frunció el ceño. – Probablemente los demoraría si estuviera allí abajo con ustedes, pero no me iré sin todos.
- Entonces si todo el mundo está listo, pueden pasar por la puerta de la derecha. Una vez lleguen al Santuario el Guardián les brindará asistencia. Clara, tú puedes quedarte aquí y contarme sobre que sucedió en el viaje, si no es molestia.
- No… Estará bien. – Clara sonrió educadamente (aunque su mente no paraba de gritar “WILLIAM LOWE” en mayúsculas y con una fuente bastante grande), y luego de un abrazo y algunas amenazas de matarlo si no volvía sano, se sentó de nuevo en el sofá para esperarlos.

Evan dirigió una mirada a su padre antes de salir.
Se preguntó si acaso el increíble William Lowe estaría tan nervioso como él por los sucesos. Por un momento se dijo que no, y luego recordó que independientemente de lo mal padre o pésimo ejemplo que era, su padre seguía siendo humano.

Luego se dijo que no.
Con un diablo, William Lowe estaba ansioso por ver lo que iba a pasar.
Si la Red caía el la reviviría. Si el mundo acababa, el estudiaría los restos. Ese era su padre.
En su mente no era humano en lo absoluto.


Atravesaron la puerta, primero Evan, luego Paige que revisaba que el seguro del arma estuviera correctamente quitado, luego Jay que parecía un niño en una tienda de caramelos y finalmente Erin, que realmente no tenía idea de que hacía allí, pero se sentía haciendo lo correcto.


Pasaron por varios pisos de absolutamente nada. A pesar de que William les había dicho que en esos corredores había habido peleas bastante sangrientas apenas minutos atrás, no había ni un rastro de nada.
- No hay nada. – Dijo finalmente Erin, expresando lo que todos pensaban.
- Los equipos de limpieza se encargaron de todo. – Explicó Paige. – El que los pisos estén limpios demuestra que el Grupo aún tiene control al menos parcial sobre la situación e intranquiliza al enemigo.
- Tiene sentido. – Jay miró alrededor. – Y está funcionando con los aliados también.
- En tres pisos más habremos llegado al Santuario. Allí probablemente estén varias fuerzas enemigas esperándonos. – Retomó Paige, con facilidad.
- Entonces la idea es que los enemigos no nos maten en una emboscada, ¿Verdad?
- Es una emboscada bastante patética, si sabemos donde esta. – Señaló Erin. – Es bastante desastroso en realidad.
- Sus verdaderas fuerzas no son los soldados. – Evan miró al grupo, mientras intentaba acceder a la red local del edificio. – Las verdaderas fuerzas están también en la Red. Yo que ustedes me desconectaría. Pueden hacerle cosas increíbles a tu cerebro.
- Diablos. – Murmuró Jay, bastante harto de que lo hicieran dejar la Red, pero a la vez obedeciendo al consejo.

Evan cerró los ojos por apenas unos segundos e intentó alcanzar el Tercer Nivel.
Recibió una respuesta que le era vagamente familiar, y accedió al servidor que le respondía.

Wow. La red se sentía como una seda. Casi cualquier comando que le enviaba se ejecutaba inmediatamente y los datos parecían fluir como agua hacia el océano.
Supo que estaba conectado directamente al Servidor Principal. “Hola Arianna” envió al Servidor con cierto cuidado mientras intentaba acceder a la información de los mapas. No le tomó mucho tiempo, era casi como si Arianna misma hubiera estado accediendo a esa información en el momento de pedirla.
Hola, Evan. Escuchó en su cabeza. La niña lo estaba saludando. Dominique está cerca de mí, puedo verla, aún está segura. Están a dos salas del Santuario, mi Guardián esta en peligro. Por favor asístelo.

Observó los mapas mientras mantenía un ojo en la dirección a la que andaban. Notó que no existían mapas del Santuario y frunció el ceño.
Ni siquiera la propia Arianna tenía información sobre ese lugar.

Diablos, estaban en serios problemas.



El primer disparo lo efectuó Paige.
Limpiamente, con la fineza de alguien que tiene años de práctica mató a cuatro hombres armados con cuatro prolijos disparos en la frente.
- No toquen las armas de esos hombres. Déjenlas al equipo de limpieza. – Los instruyó con voz tranquila. Durante diez segundos todo el grupo la miró en shock. Ella les dirigió una sonrisa y revisó que el cargador aún tuviera balas.
Cuarenta y dos armas han sido recuperadas. Aún quedan dos. Entre las dos tienen diez balas con una incertidumbre de más menos dos. Informó Arianna.
- Quedan dos armas. – Les dijo Evan. – Lo veo en la Red local.
- Dos. Bien… Aun tengo siete balas, serán más que suficientes. – Paige sonrió delicadamente y Jay se puso un poco pálido. – Una vez que los tengamos, el resto depende de ustedes.
- De acuerdo. – Erin asintió. – ¿Puedes localizarlos, Evan?
- Eso intento. – Evan frunció el ceño y le preguntó lo mismo a Arianna, quién le respondió rápidamente. Las dos armas están en la sala anterior a la entrada del Santuario, donde se hacen las autenticaciones. Dominique está en la sala de entrada, junto con dos personas… Matheo los está deteniendo, pero el tiempo se acaba. Hay cuatro personas en la antesala, pero no tienen armas.
- ¿Donde aprendiste a disparar así? – Preguntó Jay, su respiración estaba algo entrecortada pero continuaba corriendo como si nada.
- Es parte del entrenamiento standard para nuestra Unidad. – Respondió Paige, con toda la tranquilidad del mundo.
- Están en el próximo piso. En la sala de autenticaciones. – Interrumpió Evan. – Luego hay cuatro personas más, pero no están armados.
- Te escuchas muy cómodo con la Red local. – Erin le dirigió una pequeña sonrisa a Evan. – Te están ayudando, ¿Verdad?
- Arianna esta de nuestro lado. Pero hay varias cosas que ella no sabe, por cuestiones de seguridad. Aparentemente Arima aun no está aquí.
- Eso es bueno. – Paige sonrió levemente. – Bajemos ahora, déjenme ir adelante.


Dos perfectos disparos después, no habían más armas que tomar en cuenta.
Paige enfundó su arma y se encogió de hombros.
- El procedimiento dicta que no se utilicen armas de fuego contra personas que no posean una, es cuestión de leyes.
- Eso quiere decir que al fin me toca golpear gente. – Jay sonrió aparentemente satisfecho.
- Del otro lado de la puerta hay cuatro personas más. No están armados, pero parecen peligrosos. Es necesario tener conexión a la Red para pasar a la sala de entrada, la autenticación se hace en línea. Pero hasta allí ustedes no pueden pasar.
- Bien, entonces vamos a hacer esto de una buena vez. – Jay abrió la puerta y dio tres pasos, permitiendo a los hombres acercarse para atacarlo.
Una enorme sonrisa se extendió por su rostro cuando le rompió la nariz al primero en cargar. Ninguna otra parte del viaje podría ser tan satisfactoria como eso.


- Pan comido. – Dijo Jay, pateando a uno de los hombres a un lado. – No entiendo a que se referían con peligrosos.
- Creo que decían peligrosos para las personas corrientes. – Aclaró Erin. – No cuentan los cinturones negros.
- Pero bien que te dieron un par de golpes. – Evan rió, mientras comenzaba a pasar los procesos de autenticación. Lo que le ganó un golpe en el hombro.
- Dices tú, que te quedaste atrás mirando.
- Yo no puedo hacer nada, soy una víctima que no puede golpear a nadie.
- Te enseñaremos a pelear cuando salgamos de aquí. – Erin sonrió levemente, ella también había asestado un par de buenos golpes.
- Bien, ya puedo pasar. – Evan suspiró. – Me las arreglaré con los dos del otro lado.


Iba a cruzar la puerta cuando recibió un nuevo mensaje.
Evan. Arianna interrumpió sus pensamientos. Los dos de este lado han caído. Yo tome cuenta de ellos, pero Arima esta adentro… Junto con dos más que están accediendo remotamente utilizándola como Nodo. Dominique y Matheo me están ayudando, pero no hay mucho que pueda hacer.
- Arianna, casi estoy dentro. – Con cuidado tocó el Tercer Nivel y lo sintió visiblemente más responsivo. Era casi como estar soñando.  – ¿Dominique, estas ahí?
- Aquí. – Le respondió ella por medio de la Red. Evan la sintió como si fuese un espíritu y se preguntó si ella lo sentiría igual. – Estoy dentro del Santuario. Te queda un proceso de autenticación más.
- Lo se. ¿Estás bien?
- Sí. Pero ten cuidado.

Evan cruzó la puerta y encontró dos cuerpos en el piso.
Al comienzo asumió que la sangre en sus cabezas tenía que ver con el Tercer Nivel, por lo que lo sorprendió un poco descubrir que alguien había aplastado los ojos del hombre y la mujer que estaban del otro lado.


Evitó los cuerpos, no podía evitar que le causaran cierta impresión, y se acercó a la última puerta. Apoyó una mano en la puerta y luego la frente.
- Dominique, estoy del otro lado.
- No entres, Evan… - Le respondió ella. – Theo saldrá ahora. Está algo herido, así que no puede acceder al Tercer Nivel en este momento, necesitaremos de ti.
- Bien. Esperaré aquí.


Un hombre salió, Evan supuso que se trataría del tal Matheo.
- Evan. – Dijo mirándolo por un momento. La mirada fija de aquel hombre se le hacía más complicada que otro sistema de autenticación. – Tenemos poco tiempo, están atacando a la señorita Arianna. La señorita Dominique está actuando como Servidor Principal mientras ella se defiende.
- Pero Dominique no podrá soportar la Red por mucho tiempo. Deberíamos estar adentro deteniendo el ataque.
- Para que ella sea capaz de actuar como Nodo a pesar de no estar autorizada, el cuerpo de Arima tiene que estar en alguna parte de Treinta Cero. – Le explicó Theo. – Si encontramos el cuerpo y la desconectamos, entonces el ataque debería cesar.
- Entiendo.
- Para encontrarla sin embargo, debemos acceder al Tercer Nivel. – El pareció contrariado al decir esa última parte. – He tomado algunas heridas y no puedo acceder directamente. Pero te brindaré soporte.
- Entiendo. – Evan dirigió la mirada a los dos cuerpos. - ¿Y ellos…?
- La señorita Arianna los detuvo a tiempo.
- ¿Salió del Santuario…? – Era extraño, se suponía que los servidores no podían abandonar sus lugares, y aún si lo pudiera hacer, esa chica no podía tener un cuerpo lo suficientemente fuerte.
- Claro que no. – Theo levantó las manos y le mostró sus dedos, aun bañados en sangre. – Ella lo hizo a través de mí.
- Ah… - Evan sonrió, un poco incómodo y dio un paso hacia atrás inconcientemente. – Pero no hay tiempo, busquemos a Arima rápido.
- Bien.


Evan observó a Theo, en parte perplejo por su actitud y en parte como si fuera algo totalmente normal. Supuso que eso le hacía el Grupo A a las mentes de las personas.
Por alguna razón la antesala del santuario se veía completamente igual cuando en inmersión completa o en el Tercer Nivel. Matheo también se veía igual, aunque sin la sangre en los dedos, pero esa suponía que había de estar en los dedos del espíritu de Arianna.
- ¿Cómo se hace esto? – Preguntó finalmente.
- Primero, debes buscar a Arima. Una vez que la encuentres sus dos guardianes se volverán en tu contra, lo cual debería darle tiempo a la señorita Arianna para terminar con sus conexiones. Eso obligará a Arima a salir a pelear directamente.
- Entiendo. ¿Y cómo se supone que encuentre su cuerpo?
- Deberás utilizar la línea que Arima está utilizando. Una vez que ella se acerque, deberías buscar el hilo que la une a su cuerpo. Eso es algo que solamente se puede hacer desde el Tercer Nivel.
- ¿Cómo se puede encontrar ese hilo?
- Será algo que tenga relación contigo. Yo lo encuentro buscando algo que esté fuera de lugar. Tú debes buscar tu propio modo.
- Bien, entiendo.
- Utilizaré tu línea para acceder a tu conexión y cuidar de tu espalda. – Le explicó Theo. - Con eso deberías poder buscar el hilo en calma.
- Entiendo.


Evan intentó acceder al Tercer Nivel y sintió el dolor que ya se estaba volviendo característico de hacer ese camino.
- Dime, Evan… - Evan giró para encontrarse con Abel. – ¿Estás realmente listo?
- Abel… - Sonrió levemente. – No se si estoy listo o no, pero diablos, voy a intentarlo. Arianna y Dominique están en peligro… Mucha gente está en peligro.
- Si no lo haces con la mente limpia, no podrás hacerlo. – Le explicó el espíritu. – Debes separar tu mente de tu cuerpo, debes hacerlo hasta que no sientas el dolor…
- Entiendo eso. Estará bien, intentaré medirme. – Evan rió quedamente.
- No… Yo me haré cargo de tu condición física. Intenta dar un paso mas adelante… Yo te haré saber si algo sucede.
- Bien… - Evan sonrió. – Dependo de ti.
- Eso no es buena idea, los espíritus no somos confiables. – Abel sonrió.
- Quizás no lo sean… Pero ya estoy mal, ¿Verdad? No va a hacer mucha diferencia.


Para buscar a Arima, lo más inteligente era buscar a los que estaban sirviéndola. Aquellos dos no deberían estar siendo cuidadosos. No valía nada tener cuidado mientras atacabas a un Servidor.
Para eso solo debía buscar a alguien que le fuera familiar. Evan buscó la presencia de Dominique y la encontró con pasmosa facilidad. Desde ella, siguió los datos que se movían constantemente, que habían de ser su vínculo con Arianna, y desde Arianna solo tuvo que seguir los constantes ataques.
De los dos hombres a Arima era un paso minúsculo que dio con gran facilidad.

Evan sintió un golpe de dolor, que había de significar que había sido descubierto. Pocos segundos después (segundos que en el Tercer Nivel se sentían como varios minutos), pudo sentir el dolor disminuir, como si los ataques hubieran cesado en fuerza, y en algunos segundos más las conexiones de los dos hombres desaparecieron.

Evan suspiró.
Había llegado a la parte difícil del juego.
Buscar el hilo que unía a aquel sentimiento con una persona real no podía ser algo fácil. Quizás el modo tuviera que ver con aquel paso, quizás se tratara de buscar algo… O quizás simplemente debiera hacerlo a su estilo, después de todo eso le había dicho Theo que debía hacer.
Claro, el estilo principal de Evan era quejarse de todo, así que supuso que resignarse a encontrar las cosas no funcionaría.
Estuvo un tiempo pensando en eso hasta que se aburrió de pensar.


Entonces simplemente abandonó su cuerpo, tomó el hilo y lo siguió.

Subió dos pisos y luego un tercero. Seis pisos más arriba estaba la oficina de su padre.
Subió otro piso.
Subió otro piso.

Siguió el delgado hilo tanto como pudo, aunque a veces sentía que se le deslizaba entre los dedos. Siguió el hilo un piso hacia abajo y luego otro.

Intentó sujetar el hilo con las dos manos y todo se volvió borroso.
El paso, había dado el paso… Todo se volvió más nítido cuando recordó eso.

Subió un piso.
Y supo que ese era el correcto. Corrió la última parte hasta el hilo se deslizó entre sus dedos y todo se volvió negro.

Abrió los ojos y encontró a Theo frente a él. Sentía un dolor punzante en la parte de atrás de la cabeza y otra vez estaba sangrando. Se estaba empezando a acostumbrar a esto, pensó mientras limpiaba la sangre con una de las mangas de su camisa.
Abel estaba de pie a su lado.
- Tuve que cortar la conexión, lo siento. – Le dijo con una pequeña sonrisa apologética. Evan no pudo evitar notarlo un poco más pálido que de costumbre.
- Está bien… - Intentó ponerse de pie pero falló. Theo le extendió una mano, Evan la tomó y se ayudó con la pared. – Está cuatro pisos más arriba. No pude ver en que habitación, pero estoy seguro de que era allí…
- Bien. – Theo se acercó a Evan. – Guíame hasta donde llegaste. Allí intentaremos buscarla.
- Ah… - Abel sonrió levemente. – Yo tengo que irme ahora. Mi Guardián me llama… Pero puedes llamarme si me necesitas.
- De acuerdo. – Evan sonrió. – Gracias por tu ayuda.
- Nos vemos pronto. – Abel sonrió y desapareció.


Cuando salieron, el resto del grupo aguardaba afuera. Evan les explicó brevemente lo que sucedía, y se ofrecieron a acompañarlos.
Eficientemente limpiaron el camino hasta llegar cuatro pisos más arriba.
Theo lideraba el camino, siguiendo las instrucciones de Evan que durante toda la subida, simplemente intentó enfocar la mirada.
- Evan… - La voz de Dominique lo sacó de su concentración. – Arianna está teniendo problemas… Arima… y Arisa…
- ¿Dominique? – Evan se detuvo y todos lo observaron. - ¿Qué sucede…?
- ¡Arianna! ¡La está lastimando Evan apúrate!
- Entiendo… Ten cuidado, estamos yendo.

Todos miraron a Evan, que les dirigió una mirada (un poco borrosa) de vuelta.
- Está en este piso… Debemos apurarnos.
- Hay más de treinta habitaciones en este piso. – Lo detuvo Paige, frunciendo el ceño. – Lo vimos en el mapa arriba.
- Lo se… Pero no llegue al final. – Evan entrecerró los ojos. – Intentaré buscarla de nuevo. Desde aquí debería ser más fácil.

No dejó que nadie le hablara, simplemente dio un salto al Tercer Nivel.


Arisa… No, esa que estaba de pie frente a el debía ser Arima.
- ¿Qué quieres? – Le preguntó, en una voz fría.
- Sal de aquí. Deja a Arianna y a Dominique en paz. Hazlo y no tendremos que… - La cabeza comenzó a dolerle de nuevo, y ahogó un grito.
- Evan, Evan… Otra vez tocas el Terreno de los Dioses… Aun a pesar de que no fuiste nacido uno de nosotros.
- ¡No existe el terreno de los dioses! Tú nunca fuiste una diosa, no eres más que otra humana… - Evan alcanzó el delgado hilo, que apenas se deslizó entre sus dedos. – Dime donde estás. Dímelo Arima…
- Déjalo ir, Evan… Ese hilo te matará y perderás mucho más. – Arima rió. – Déjalo ir, déjalo ir…
- ¡Ven y mátame entonces! – Evan rió mientras corría, dejándola atrás. – ¿O es que desde que no eres un servidor ya no puedes hacer tantas cosas a la vez?
Observó el final del hilo y rió quedamente. El dolor era enceguecedor, pero diablos… El pensamiento de venganza era dulce, demasiado dulce.


Abrió los ojos en el corredor.
Rió quedamente, sabiendo que había de estar sangrando de nuevo y señaló al lugar al que debían ir. Una vez más el grupo se movió rápidamente en esa dirección.
- Sabe que la tenemos… - Susurró Evan a Dominique y Arianna. – Vamos a buscarla…
- La retendremos. – Contestó Arianna. – No pierdan tiempo.

Arima se veía diferente de lo que era en la Red.
Evan supuso que así era como se debía ver años atrás, pero su cuerpo había envejecido aún si su mente no. Se acercó a ella, y con cuidado puso una mano a cada lado de la frente de la joven.
- Despierta, despierta, Arima… Hora de dejar la Red…
Sabiendo que iban por su cuerpo, Arima había intentado escapar de la pelea. Arianna la había retenido, pero ella había logrado escaparse.
Desafortunadamente, abrió los ojos para encontrarse con Evan frente a ella.
- Suéltame… - Amenazó, aunque en realidad no tenía modo de hacer daño a nadie.
- No, no… Lo siento, pero no puedo. – Evan sonrió, estaba mareado y había perdido sangre por lugares donde no debía perder sangre. – Mira… Esto me lo enseñó a hacer un amigo.
- ¿D-de que hablas? – Arima retrocedió un poco, sus ojos se agrandaron.
- Silencio, es hora de dormir. – Le dijo, y le dio un puñetazo en la nariz.





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