Capítulo Decimoprimero.
En el que el camino a Treinta Cero se vuelve un poquito más escabroso y Evan aprende más de lo que le gustaría aprender.
Esa noche Evan durmió en pequeños lapsos intermitentes.
No
podía dejar de pensar en que en este momento miles de niños estaban
sirviendo a millones de personas. En que millones de personas vivían
ignorantes de todo lo que sucedía y que a la vez, en alguna parte,
estaba naciendo un bebe que sería utilizado como un servidor algún día.
Por
otro lado, no podía parar de pensar en como hubiera sido el mundo sin
la Red. Por alguna razón no podía dejar de imaginárselo como algo
apocalíptico y lleno de crímenes y muerte por todos lados, no muy
diferente de como las películas de antes de la Red lo mostraban.
Observó el techo de la cabaña (que era tan desastroso como el resto de ella) y suspiró.
Se
preguntó si acaso su padre habría sufrido de la misma indecisión que él
(claro que no, le contestó su mente, el nació siendo un bastardo), si
acaso Kathe Brand o Gabriel Rhodes habían sufrido de eso, si incluso
pensó aquella inteligencia artificial, Attis...
Esas vidas
estaban salvando al mundo. Esas vidas daban educación y salud a
millones de personas... Se preguntó si el Triunvirato se decía eso
antes de acostarse a dormir para calmar sus almas, si acaso los
científicos se conformaban con eso, si se decían que era necesario...
Ah, diablos, otra vez estaba pensando demasiado.
Se revolvió un par de horas más antes de decidir que sería mejor dedicar sus horas desperdiciadas a algo más útil.
Observó
el mapa con cuidado. De los cuatro puntos que correspondían a las
coordenadas Treinta y Cero dos eran cerca de ciudades y dos en el
océano.
Era claro que tenía que ser uno de los últimos dos, si eran
tan paranoicos como hasta ahora, y si el que llegaran a esa niña podía
causar tal catástrofe, Arianna tenía que estar muy bien escondida, y
una Isla artificial era más que apta para algo así.
De los dos puntos, ambos tenían sus ventajas y desventajas.
En eso estaba pensando, cuando una mano se apoyó en su hombro, casi matándolo de un infarto en el proceso.
Junto a el se encontraba Erin, fresca como una lechuga y con una sonrisa de oreja a oreja.
-
Tenías cara de que buscabas el sentido de la vida, así que tuve que
interrumpirte. – Le dijo ella, y Evan no pudo evitar una sonrisa.
- Algo así. Existen cuatro puntos que corresponden de un modo u otro a las coordenadas “treinta, cero” o “cero, treinta”.
- ¿Y como estás seguro de que son coordenadas?
-
No estoy seguro, pero si lo creo, y Dominique también lo cree...
Digamos que correspondería al estilo de mi padre llamar a un lugar de
un modo tan obvio, pero a la vez hacerlo difícil de encontrar.
- Confiaré en que lo conoces mejor de lo que creíamos. – Erin sonrió, recordando la canasta de frutas. – ¿Y que ideas tienes?
-
Estos son los cuatro puntos. – Evan extendió el mapa sobre la cama para
mostrárselo mejor, y ella se inclinó un poco para verlo bien. – Dos de
ellos están cerca de zonas pobladas, y están sobre tierra firme...
-
Y los otros dos están sobre el agua... Lo que tiene cierto sentido,
porque sería más fácil esconder algo tan importante ahí, ¿Verdad?
- Si. Pero no sabemos cual de ellos es.
- Estos dos de aquí ya los pasamos... – Agregó ella señalando los dos puntos más al sur.
-
Si, pero de todos modos tampoco hemos ido lo suficientemente al norte
para descartarlos. La trayectoria es demasiado irregular. Y una vez que
hayan abandonado tierra firme, será aún más difícil mapear
correctamente la ubicación de Arisa.
- O sea que debemos encontrar Treinta Cero por nosotros mismos.
-
No creo que mi padre me diga donde queda de todos modos... Y a Gabriel
Rhodes parece gustarle ponerme pruebas ridículas, así que prefiero
jugar por lo seguro.
- ¿Y no tienes nada más? – Erin sonrió, del
grupo ella siempre había sido la más aficionada a los puzzles y los
misterios. – Una pista, un mensaje críptico, lo que sea...
- Ah...
No creo. A menos que eso cuente. – Evan tomó el papel blanco de su mesa
de noche, doblado como un triángulo y se lo extendió a Erin. – Estaba
en la canasta de frutas. Rhodes lo dejó para mí.
Ella abrió el
papel, y Evan se preguntó si el se había visto igual de patético y
desilusionado al descubrir que estaba vacío (probablemente te viste
peor, suplió su mente). Le sonrió levemente a Erin que lo miró perpleja
por unos segundos antes de entender la situación.
- ¿Siempre estuvo en blanco?
- Si. Dentro y fuera de la Red. No es tinta invisible, no aparece con limón o a trasluz...
- Entonces la pista no tiene que estar en el papel... Seguro la pista es el papel.
- ¿Tu crees? – Evan rió. – Yo sinceramente perdí mi capacidad de pensamiento en alguna parte de la Red.
Bueno, eso era más literal de lo que quería.
- Si, eso tiene más sentido que nada. Es eso o es que el señor Rhodes tiene un sentido del humor peor que el del señor Lowe.
- Ninguna de las dos cosas me asombraría mucho. – Le respondió el con una sonrisa.
- Oigan, ustedes dos, dejen de hacer ruido, hay gente intentando dormir.
Ambos volvieron la cabeza a la puerta de la habitación, donde Jay estaba de pie.
- ¿Te atacó un tornado en el camino? – Evan rió por lo bajo.
- Cállate o tendré que golpearte. – Jay rió también, lo cual no lo detuvo de dar un puñetazo en el hombro de Evan.
-
Ya deberíamos prepararnos para salir. – Con su talento acostumbrado,
Erin detuvo la posible destrucción de la cabaña debido a una guerra de
puñetazos bromistas. – No tenemos tiempo que perder.
- Cierto. – Evan se puso de pie. – Ya es tarde, y tenemos más puntos que seguir.
Salieron después de una hora.
Como
habían acordado, enviaron mensajes con buenas noticias a sus familias,
anunciando que al día siguiente llegarían al seminario, y que les
enviarían más noticias desde allí.
Y claro, el hotel en el que se
habían hospedado era lo mejor del mundo. Tenía piscina y daba a la
playa. Y les habían preparado una canasta de frutas frescas que estaban
deliciosas.
Luego comenzaron el camino una vez más. Esta vez los
puntos se alejaban un poco de la costa y luego se acercaban de nuevo al
océano.
Parecían haber bajado la velocidad también, pero eso Evan
suponía que se debía a que estaban muy cerca del área de Abel. La
conexión de la Red era mucho más difícil de evitar en estas zonas.
Por
el otro lado, era muy probable que supieran que los estaban siguiendo,
lo cual hacía la actitud de ir más lento bastante sospechosa.
No
esperaban encontrarse con una trampa a lo que suponían que era al menos
un viaje en avión de distancia de Treinta Cero, pero en las palabras de
Evan, nunca sobraba ponerse un poco paranoico por si acaso.
Después de todo, su paranoia hasta ahora no le había fallado ni una vez.
Abel
apareció a la noche de ese mismo día, con un par de puntos nuevos para
el mapa. El grupo a esa altura ya estaba más que acostumbrado a sus
visitas espontáneas, lo que no quitaba que de vez en cuando alguien
saltaba cuando él aparecía aportando algún dato a una conversación.
Evan empezaba a pensar que el niño estaba disfrutando demasiado eso de
materializarse de la nada.
Luego de darles la información, desapareció explicándole al grupo que tenía mucho trabajo atrasado que hacer.
El trabajo atrasado, aparentemente, se llamaba Evan Lowe.
Abel volvió a aparecer esa noche, poco después del mensaje de Dominique, mientras él montaba guardia (y cabeceaba un poco).
- ¿Evan? – Preguntó, en una voz suave que saco al joven de su vigilia.
- ¿Que necesitas? – Evan dejó salir un bostezo. – Es tarde, deberías estar durmiendo o algo.
- Estoy durmiendo, creo. – Abel sonrió, un poco avergonzado. – Nunca puedo distinguirlo bien.
- Ya veo. – Evan rió, intentando hacer el menor ruido posible. – Eso no habla muy bien de ti, deberías cuidarte un poco más.
-
No hace falta, para eso están los Guardianes. – El espíritu hizo una
pequeña pausa, y notó que eso ameritaba una explicación también. –
Ellos son personas que trabajan para el grupo, el Triunvirato los
selecciona mediante un proceso del que nosotros no sabemos. Su trabajo
consiste en cuidar de nosotros cuando estamos trabajando. También
supervisan las maquinarias y los sensores para asegurarse de que no
hagamos demasiado esfuerzo.
- ¿Saben esas personas lo que ustedes hacen?
- No exactamente. No saben que somos los Servidores de la Red, pero si creen que trabajamos en ellos.
- Ya veo.
-
Pero ese no es el punto. – Abel sonrió. – La próxima vez que paren,
necesitaré que te tomes algunos minutos. Tendremos que hacerlo en
inmersión para no detener mucho tu viaje, pero me gustaría que lo
hiciéramos antes de que dejaras mi influencia directa.
- ¿De qué
hablas? – Evan suspiró. ¿Lograría algún día que Abel le dijera las
cosas en el orden razonable de “necesito tal cosa”, “es en tal lugar” y
“lo haremos de tal modo”?
- Arisa nos dijo que Tyler esta usando
periódicamente la Red en la noche. Aparentemente la usa para ponerse en
contacto con Arima, o al menos con alguien que tiene conexiones
directas con ella.
- Podría interceptarlo. Interferir su señal, pero no creo poder hacer mucho más.
-
Por eso debe ser en inmersión. – Abel miró a Evan, y el pudo ver que
este era un asunto serio. Otro asunto de vida o muerte, ya no le
sorprendían tanto como al comienzo. – Yo te ayudaré a pasar al
siguiente nivel. Si podemos hacerlo, entonces no deberías tener más
límites dentro de la Red.
- ¿El siguiente nivel?
- Quizás
deberías hablar con tu padre también. Estoy seguro que el te puede
hablar de ese nivel mejor de lo que nosotros podemos hacerlo.
- Ah.
No veo la hora de hablarle. – Respondió Evan, con tanto sarcasmo como
podía poner en una oración tan corta. – Lo único que me alegra el día
es poder refregarle en la cara que conseguí la firma de Rhodes.
- No quiero inmiscuirme en su relación ni nada, pero sería bueno que enfrentaras los problemas con tu padre…
-
Ahora en todo caso estoy hasta más molesto con él. Y confío totalmente
en que después de que hablemos solo será peor. – El joven rió. – Pero
descuida, después de todo de eso se trata nuestra relación. Yo lo odio,
y el se ríe de mi esfuerzo.
Pasaron algunos minutos más (en
realidad hablaron más de una hora) antes de que Abel lograra convencer
a Evan de meterse en una sala y finalmente conseguir la firma de su
padre y tener todo lo necesario para entrar a Treinta Cero y poder
recibir información sobre ello.
La verdad era que Evan tenía unas
cuantas preguntas sobre lo que había escuchado los últimos días, y
tenía bastante curiosidad de saber que diablos era lo que el tenía de
especial, así que simplemente se resistió a modo de formalismo.
Cerró los ojos y siguió el camino ya conocido a la oficina de su padre.
Su
oficina en la Red era exactamente igual a su oficina en la vida real,
pero Evan era de las pocas personas que lo sabía. No había cambiado
mucho desde la última vez, cuatro años atrás, en que la había visitado,
seguían allí las cortinas, el ventanal, el escritorio estilo antiguo,
los libros...
Y por supuesto también estaba William Lowe, muy
cómodamente sentado, con su típica cara de “Te estaba esperando, ¿Por
qué demoraste tanto?”.
- William. – Fue todo lo que dijo Evan a modo de saludo. Su padre rió.
- Buenas noches. Por favor pasa, siéntate. Estoy muy bien, muchas gracias, ¿Y tú?
- Bien. – El joven ignoró completamente el resto de la conversación. – Aunque no puedo negar que he estado mejor.
- Así son los tiempos, cuando te das cuenta nada es como lo creías.
-
No le encuentro la gracia. – Evan se sentó en la silla al otro lado del
escritorio y observó a su padre con los ojos entrecerrados. - ¿Cuánto
tiempo más pensabas esconder todo lo que esta sucediendo de mí? ¿Hasta
que tuvieras ganas? ¿Hasta que tuviera que heredar todo?
- Hasta
hace tres años. – William rió y se echó hacia atrás en su silla. –
Ponte cómodo, si quieres escuchar una historia interesante entonces la
tendrás.
- Hace tres años empecé la terapia después de lo de Arima. – Evan frunció el ceño.
-
Exactamente. Hace cuatro años Arima se vengó de mí cortando tus alas…
Pero eso es la historia en si, así que cállate y déjame hablar.
- Vaya, tu si que sabes convencerme de escucharte. – Evan giró los ojos, pero guardó silencio.
-
Comencemos hablando de tus orígenes. Se que quieres escuchar eso. –
William se puso de pie y se acercó a la biblioteca. – Primero que nada
hablemos de tu madre. Agnes fue uno de los experimentos iniciales del
Proyecto A, el proyecto de los Servidores humanos. Su capacidad de
procesamiento era probablemente una de las más grandes que hayamos
logrado en años… Pero su cuerpo no podía soportar más de dos o tres
horas de funcionamiento antes de empezar a fallar.
- Es por eso que es tan buena con la Red, ¿Verdad?
-
Claro que si. La formula de Brand es muy simple en realidad. Existen
ciertos genes que al combinarse de ciertas formas crean cerebros aptos
para el uso de la Red. La mayoría de esos genes son recesivos, por eso
es que casi todos los servidores comparten los mismos rasgos genéticos.
- El cabello rubio y los ojos claros. – Interrumpió Evan, esa respuesta era simple y tenía sentido.
-
Además de eso, una capacidad superior de razonamiento y una mente
analítica pueden ser creadas combinando genes también. Así que como
ves, el Servidor perfecto será el resultado de muchos años de crianza y
mutaciones.
- Lo se. Pero ese no es el punto. – Frunció el ceño y se preguntó si acaso William estaba esquivando el tema.
-
Tu madre era una perfecta muestra de esos genes particulares… Por el
otro lado como ya sabes, mi padre me había preparado para ser lo más
apto posible para la Red… - William rió una vez más. – Pero el nunca
llegó a enterarse de que yo podía ver a los Servidores.
- ¿Y entonces?
-
Cuando tú naciste, tus genes sufrieron una mutación. Eso no es ninguna
noticia, desde siempre el cabello rojo y los ojos verdes han sido
signos de mutaciones. – Tomó uno de los libros del estante y le echo
una hojeada rápida. – Margaretha no podía esperar para viviseccionarte,
pero se tuvo que conformar con algunas muestras de ADN.
- Aja. ¿Y Dominique? Ella no es tu hija.
-
Los genes de Ismael tampoco están completamente limpios, pero ella fue
mayormente una coincidencia… Casi todo su poder se reveló cuando se
completó su conexión con Arianna.
- Su conexión… ¿Eso lo hiciste tú?
- Eso es una sorpresa para el final de la historia. Déjame seguir en el orden correcto y no interrumpas tanto.
- Lo que sea. – Evan apartó la mirada de su padre.
-
Continuemos entonces. Hace siete años, Arima convenció a uno de los
grupos de Brand que su talento como servidor sería imposible de
replicar. Era cierto que Arima y Arisa eran algo que probablemente no
volverá a suceder, un par de gemelas con la misma capacidad de trabajar
como Servidores, y con la mayor capacidad de procesamiento de datos
hasta el momento… Fueron el último gran trabajo de Margaretha antes de
morir.
- ¿Y Arianna?
- Arianna es el primer trabajo de la
pequeña Kathe. Pero aun no es hora de hablar de eso, recuerdo haberte
dicho que no me interrumpieras. – William dejó el libro sobre la mesa.
– El grupo que soportaba a Arima preparó varias investigaciones para
demostrar su punto y las presentó al Triunvirato… Fui el primero en
vetar la decisión. Ningún niño debía pasar los catorce años, las
hormonas los volvían inestables emocionalmente, y no sabíamos hasta que
punto podían afectar sus genéticas modificadas.
- Es por eso que los retiran cuando cumplen esa edad. – Evan frunció el ceño. Tenía sentido.
-
A esa altura Gabriel ya estaba muerto, y su mascota dio el segundo voto
en contra. El tercero, aunque realmente no era necesario, lo dio la
nieta de Margaretha, Kathe que afirmó estar trabajando en un proyecto
que podría superar a Arima por mucho.
- Arianna.
- Exactamente.
Cuando Kathe completó a Arianna, tiró todas las teorías de la
superioridad de Arima por tierra. Aquellos investigadores que aún
defendían las teorías debieron ser desvinculados del Grupo.
- ¿Un despido…?
-
No. La desvinculación también incluye el borrado de todos los datos
posiblemente sensibles en las memorias de los empleados. Todo eso esta
en los contratos, y los Guardianes se encargan de ello. – William rió.
– Al año de edad Arianna superaba en casi un veinte por ciento la
capacidad de Arima. A los dos años estaba lista para sustituirla, pero
preferimos demorar la puesta en producción para llevar a cabo mas
pruebas.
- ¿Dos años de edad? Eso es…
- Oh, te asombrarías. Pero claro, resultados de ese tipo eran lo mínimo que podía esperarse de la niña de Margaretha.
- Kathe Brand… ¿Qué clase de persona es ella?
-
Seguramente la vayas a encontrar en el camino, ya que siempre pareció
muy interesada en conocerte, así que no dejes que yo te arruine la
sorpresa. – Volvió hacia la biblioteca y comenzó a buscar entre los
libros. – Pero si déjame arruinarte otra sorpresa. La pieza
instrumental en el desarrollo de Arianna.
- ¿De que hablas?
- De
no ser por la mutación, probablemente tú hubieras nacido con las mismas
características que ella. Kathe aisló la causa de la mutación y la
revirtió… En otras palabras se podría decir que Arianna es tu hermana
también.
Por un momento Evan simplemente guardó silencio.
No
importaba cuanto lo intentaba las palabras simplemente le fallaban en
llegar, y esta vez se sintió completamente en su derecho de querer
echarse por un barranco.
No todos los días uno descubría que era el
resultado de un montón de manipulación genética y un golpe de suerte,
que el mundo en el que vivía se creaba con el esfuerzo de un montón de
niños que podían freírle el cerebro a uno con solo pensarlo, que con
tocar a una niña millones podían morir, y que esa niña era su hermana
genética.
La verdad era que Evan no estaba exactamente en calma, le
temblaban un poco las manos cuando finalmente se atrevió a preguntar
algo.
- ¿Y Dominique...? Hablaste de una conexión...
- Arianna
parecía más interesada en Dominique que yo. En los meses en que trabajó
como Nodo se puso en contacto con tu hermana en sueños. Cuando Arisa
comenzó a trabajar como Servidor Principal luego del incidente con
Arima, nos era imposible emplear a Arianna, puesto que ningún servidor
podía coordinar su trabajo con ella. – William dejó otro de los libros
sobre el escritorio. – Habíamos perdido la esperanza cando Dominique me
llamó para solicitar que se la conectara con Arianna.
- ¿Que?
- Como escuchaste. Dominique es en realidad el Servidor Sombra y Respaldo de Arianna.
- ¿Y como es que...? ¿Por que no me...? – Evan negó fervientemente con la cabeza. – ¡Es demasiado adulta!
-
Oh lo se, pero era eso o simplemente quedarnos sin Red. De todos modos
a mediados de este año Alma estará lista para comenzar a trabajar con
Arianna y podremos cortar la conexión.
- ¿Por que nunca me dijo...?
-
Oh, Dominique no tiene idea, claro. No podemos darle más información de
la que ya tiene. Es mas, hizo falta borrar la que ella tenía.
- Los Guardianes, ¿Verdad?
-
Por supuesto, pero eso es intrascendente. El punto es que si logran
llevar a Dominique hasta Arianna, podrán hacer lo que quieran.
- ¿Porqué diablos no los detienes entonces? – Se puso de pie y apoyó las manos en el escritorio, estaba furioso.
-
Porque aun podemos confiar en las Barreras de Treinta Cero y en los
Guardianes. Es su trabajo. Además tenemos un grupo de agentes externos.
- Nosotros.
- Exactamente. No hay mucho más que podamos hacer por ahora.
- Ni con eso me dirás la ubicación de Treinta Cero, ¿O me equivoco?
-
Claro que no. Esas cosas no se dicen, esas cosas se descubren... Pero
supe que la mascota de Gabriel te había dejado una pista.
- Eso no viene al tema. – Evan frunció el ceño.
- A el no le molesta. – William rió. – Eso es todo, creo.
-
No. Aun tienes que decirme que es lo que yo puedo hacer en todo esto.
¿Que diablos es ese siguiente nivel del que Abel me habló?
- El
tercer nivel... Es un nivel superior de capacidad dentro de la Red. Lo
que eso significa es que habiéndolo alcanzado, deberías poder acceder a
la Red del mismo modo en que los Servidores lo hacen. Así es como se
pueden hacer cambios mayores en la interfase.
- ¿Y eso no es peligroso para ustedes?
-
Claro que si, pero así es la vida. Para eso tenemos a los espíritus y a
la segunda línea de Guardianes... Desde siempre ellos se encargan de
moderar el tráfico en el área privada del Grupo. Allí solamente se
puede acceder desde el Tercer Nivel. Hasta ahora nadie ha logrado
acceder a los datos de A sin nuestro consentimiento. Ni siquiera Arima.
-
Entiendo. – Evan permaneció pensativo un momento, y de pronto todo se
aclaró. – El Tercer Nivel es aquello que alcancé cuatro años atrás,
¿Verdad? Eso que Arima llamaba el Terreno de los Dioses.
- Es el
estado permanente de los Servidores y Nodos. Un modo en el que la mente
humana se libera de los lazos a su cuerpo en la tierra y opera en un
plano superior. – William se volvió a sentar en su silla y cruzó las
piernas. – El interés de varios de nuestros científicos en tu progreso,
y por supuesto el hecho de ser mi hijo fue lo que volvió a Arima en tu
contra. Eso y un poco de información errónea.
- ¿De que hablas?
-
Aparentemente algo de información de filtró desde algunas partes de la
división de Brand hacia otras. Probablemente eso hizo que Arima fuera
puesta al tanto de tu existencia y que decidiera matarte. Por supuesto
tamaña estupidez solamente logró que se acelerara el proceso para
desconectarla de la Red. La misma noche en que ella te atacó nosotros
la pusimos en cuarentena y Arisa comenzó a cumplir sus funciones.
- El resto es historia, ¿Eh?
-
Podrías decirlo... Lo que Arima hizo logró matar más del treinta por
ciento de tus neuronas. Podríamos decir que varias partes de tu cerebro
simplemente murieron... Cuando tu madre te encontró, creímos que sería
hora de usar todos esos conocimientos médicos para algo más útil que
dejarlos pudrirse... Pero ahí nos sorprendiste a todos.
- No hay
modo de que una persona funcione normalmente después de una perdida
así. – Evan no parecía estar creyéndose la historia completamente, pero
algo lo tenía intranquilo.
- Claro que no, pero siendo sinceros, si
fueras una persona normal, hubieras muerto esa tarde. Pero no. Según
todos los estudios, las pérdidas de tus capacidades fueron mínimas, un
poco de memoria a corto plazo, algunos recuerdos de tu niñez... Por
supuesto toda la experiencia que viviste en el Tercer Nivel... Pero
nada más. – William rió, esta vez parecía realmente divertido. –
¡Si solo hubieras visto la cara de genuino terror que puso tu
terapeuta cuando te vio entrar la primera vez, caminando por ti mismo
como si nada!
- Es una locura.
- La teoría de Kathe es que el
proceso de redundancia fue lo que salvó tu mente. Aparentemente tu
cerebro opera de modos totalmente inusuales.
- Dime algo que no sepa. – Evan giró los ojos, comenzaba a aburrirse y a odiar el ser increíblemente especial.
- Es totalmente fascinante. Afortunados de tus hijos y nietos, que podrán ver exactamente como funcionas por dentro...
-
¡Ya fue suficiente! – Las piernas le temblaban un poco pero se puso de
pie de todos modos. Apretó los puños para contener la necesidad de
darle un puñetazo en la nariz. – Ya me voy. Es tarde y tengo trabajo
que hacer.
- Claro que si. Vuela, Evan, el tiempo es oro.
Evan dejó la oficina tan rápido como su (bastante mas dañado de lo que creía) cerebro se lo permitió.
Se
desconectó de la Red sin pensarlo siquiera y notó que todos seguían
durmiendo. Estaba bien, no haría falta despertar a Jay para cambiar las
guardias, porque seguro que no podría pegar un ojo en lo que quedaba de
noche.