Capítulo Décimo.
En el que la Gran Revelación es revelada, un poco fuera de agenda.
Evan
alcanzó al grupo en la playa, y todos se quedaron allí hasta pasadas
las diez de la noche. Jay ofreció romper unas maderas de las paredes de
la cabaña y hacer una fogata (ofrecimiento que todos recibieron con
risas), pero finalmente optaron por volver cuando notaron que la marea
estaba subiendo.
Sacaron la mesa y las sillas y cenaron en la
playa, mientras la marea se acercaba más y más a sus pies. Incluso
tuvieron la consideración de dejar una silla para Abel, que a pesar de
insistir en que no tenía cuerpo, parecía no tener problemas en sentarse
con ellos a la mesa.
Hablaron de temas que no tenían relación alguna
con el día siguiente, y Evan pareció bastante más relajado al recibir
el siguiente mensaje de Dominique (“No me gusta la sopa. Axial que me
prepararon algo especial para mí. ¿Están todos bien? Los extraño.”),
aunque eso no sirvió para evitar que su mente se dirigiera al papel
críptico, a Treinta Cero y a su pequeña charla con Arianna.
Después de todo, no podía dejar de pensar en los secretos del Grupo A.
Y ya no era solo sobre los espíritus, sino sobre sus propios miembros y fundadores.
Gabriel
Rhodes estaba muerto y siendo sustituido por una inteligencia
artificial charlatana, su padre era el primero de la Generación,
incluso años antes de que la Generación comenzara a existir...
Una
parte de él había comenzado a preguntar que sería lo que estaba mal con
Kathe Brand, lo cual tenía cierta gracia, considerando que en ese
momento Kathe Brand tenía catorce años (por lo que era ilegal que
manejara una empresa de ese tamaño), doscientos quince puntos de
cociente intelectual y era un clon genéticamente modificado de su
abuela.
Pero dejando de lado los pequeños hechos de la vida, de
los que no deberíamos estarnos preocupando, esa tarde se podría decir
que fue la ultima tarde verdaderamente tranquila que tendría el pequeño
grupo del “S.S. Suicida”.
Esa noche, Abel se sentó en la cama de Evan mientras dormía.
Pensó
que era bastante conveniente que estuviera durmiéndose sin
desconectarse de la Red desde que esto había empezado, porque de lo
contrario al espíritu le hubiera sido prácticamente imposible traerlo
de vuelta desde la tierra del sueño.
Por un momento simplemente lo
observó, sintiéndose quizás un poco culpable por haberle mentido tantas
veces, y con cuidado lo despertó.
- Es hora, Evan. – Esas palabras y un cuidadoso contacto en el brazo bastaron para lograrlo.
- ¿Hora...? – El joven entornó los ojos y ahogó un bostezo. – Aun es de noche, Abel...
- Lo se. Pero todos quieren verte, ven conmigo. – Evan apenas registró el “todos” mientras se ponía de pie.
- Estás loco, me quieres matar de sueño. – Reclamó mientras seguía al niño. Recibió como respuesta una pequeña risa.
Evan los contó ausentemente. Eran seis espíritus contando a Abel.
Una pequeña con el cabello recogido en coletas y su osito de felpa, esa era Alecia.
Había dos niños y dos niñas más.
Se preguntó si acaso los servidores habían decidido despedirse de el antes de que muriera.
Que amable de su parte...
-
Evan... – Abel fue el que comenzó a hablar, como era esperado. – Todos
querían conocerte ahora... Así que les pedí que vinieran. Tenemos
además algunas cosas para decirte... Que por supuesto están bajo las
reglas de la Ordenanza 358-B. Inciso F numeral Siete punto Uno.
- Bien, otra vez el paraguas. – Evan asintió. – Adelante, los escucho.
Abel presentó a los cuatro espíritus rubios uno por uno.
La
pequeña de cabello a la altura del hombro, de unos doce años de
apariencia y vestida bastante a la moda era Anya. El servidor de Asia.
El niño de cabello corto y ojos azules, el que parecía aburrido de estar aquí era Azize el servidor de África.
La
niña de cabello largo y unos ocho años de apariencia, la que vestía un
vestido estilo victoriano que llamaba la atención inmediatamente, era
Abigail, servidor de América del Norte.
Y finalmente el niño de
cabello a la altura del hombro y un prolijo traje negro, el que parecía
ser el mayor de todos con unos doce o trece años, era Arnav, el
servidor de Oceanía.
Evan suspiró. Mas niños rubios para volverlo loco.
-
Buenas noches. – Lo saludó Abigail con una pequeña reverencia
juguetona. – Hacía varios días que quería conocerte, pero Abel no me
dejaba visitar. – Agregó, sacándole la lengua al otro espíritu.
-
Mucho gusto... – Agregó Arnav con una pequeña sonrisa. – Lamento mucho
el tener que conocernos en esas circunstancias, aunque de todos modos
era algo que eventualmente sucedería.
- Evan Lowe, el heredero de
nuestros destinos. – Interrumpió Anya. – Quiero que sepas antes que
nada, que el voto en contra me pertenecía a mí. Tú serás el que decida
luego si yo tenía razón o si ellos lo hacían.
- Bien, esto ya fue todo. Dejémonos de formalismos que nuestro tiempo es poco.
-
Es un gusto conocerlos a todos, creo. – Les dijo Evan una vez los
espíritus terminaron de decir lo que querían decir. – Siempre y cuando
ninguno de ustedes planee darme alguna noticia peor de las que ya me
dieron por hoy...
- Podemos irnos entonces. – Comentó Anya. – No quieres saber lo que tenemos para decirte.
-
Anya... – Alecia la miró, fijamente desde abajo, y fue ignorada por la
mayor. – No deberías hacer tanto problema de esto. Si el va a heredar
la división Lowe, entonces tiene que saber.
- Por favor, todos... –
Abel sonrió moviendo las manos. – Ya tuvimos esta discusión y la
votación decidió que hablaríamos. No es necesario tomar las cosas así...
Evan suspiró.
- Bien, sentémonos y hablen.
-
Para explicarlo bien, quizás haga falta ir bastante atrás en el tiempo.
– Comenzó Abel suspirando él esta vez. – Hasta el comienzo del Grupo A
y de la Red.
- Es un largo camino atrás. – Interrumpió Azize. – Hace
de eso sesenta y cinco años, tres meses y cinco días. No puedo darte un
tiempo más exacto porque no poseemos logs de esa época, por supuesto,
pero sabemos que fue en ese día que Wilhelm Lowe presentó su primer
proyecto para una red neural.
- Ninguno de nosotros vio esos
tiempos, claro… - Explicó Alecia, abrazando su osito. – Pero Attis nos
habló de ellos. El tampoco los vio, pero el señor Rhodes le habló de
ellos, así que sabe todo…
- Lo que sabemos lo sabemos por historias
de otros. – Dijo Anya, su voz parecía un poco enojada, pero pronto Evan
descubriría que era así todo el tiempo. – Nada más.
- En el comienzo
todas las empresas de comunicación rechazaron el proyecto. No creían
que fuera posible conectarse a una Red y operar como una computadora
utilizando solamente el cerebro. - Retomó Abel, para ser interrumpido
una vez más.
- Por eso fue que al final decidió hacerlo el mismo.
Para eso comenzó a leer reportajes y descubrimientos en varias
publicaciones científicas. Así fue como se puso en contacto con Gabriel
Rhodes y Margaretha Brand. – Explicó Abigail. – Y entre los tres
prepararon una red móvil a pequeña escala.
- Los primeros servidores
fueron computadoras comunes y corrientes de la época. – Intervino
Arnav. – Ellos fueron programados por Gabriel Rhodes, mientras que los
químicos necesarios para el cambio en la actividad cerebral, una
versión de prueba de los que se utilizan hoy en día, corrieron por
parte de Margaretha Brand, que trabajaba en ingeniería genética.
-
El primer sujeto fue el propio Wilhelm Lowe. – Le dijo Abel que volvía
a liderar la conversación. – Aparecieron en cada publicación científica
de la época, e incluso en varios de los medios masivos de noticias.
Recibieron subsidios y varios fondos de parte de varios gobiernos,
entre ellos el de Alemania donde residían. Finalmente se movieron a
América del Sur, donde era mucho más económico llevar a cabo un
proyecto de ese tipo.
- Finalmente, luego de más de veinte años
comprendieron que la Red no podría progresar más allá de redes locales
si no podían desarrollar una mejor tecnología para sus servidores. – Le
explicó Abigail.
- A esa altura ya habían varias redes locales
importantes en varias empresas de influencia. – Prosiguió Azize. – La
comunicación entre los servidores más alejados se realizaba por medio
de Internet, como era tradicional en las redes de computadoras comunes.
- El Grupo A, que en ese momento se llamaba de otro modo, se había
convertido en una autoridad en temas de Redes locales y avances
tecnológicos. En esa época comenzaron a trabajar en el proyecto de las
islas artificiales. – Una vez más Abel había tomado la palabra, la
conversación parecía fluir perfectamente entre los espíritus. – Y
aprovechando un vacío legal el Grupo consiguió que varias de las Islas
fueran declaradas territorio propio, y con eso alcanzaron un status
particular, que les permitió desde entonces operar de otros modos.
-
Eventualmente continuarían los esfuerzos para mejorar su status, hasta
que se declaró a los territorios de A como un terreno de un país. Y el
Grupo obtuvo extraterritorialidad y la capacidad de operar bajo sus
propias leyes. – Completó Anya.
- Finalmente, estaban por encima de
las leyes ajenas, así que simplemente progresaron en el desarrollo de
tecnologías. – Colaboró Abigail. – Las islas poseían redes locales que
abarcaban todo el territorio, la red pública comenzó en una de esas
islas y también el trabajo sobre los filtros de realidad que hoy en día
son parte de la Red. Las noticias del progreso atraían a todos, hasta
el punto en que varios gobiernos del mundo se acercaron con la petición
de que se adaptara la Red Pública a sus países.
- Entonces fue que
el Triunvirato comprendió que la capacidad de Internet era insuficiente
para transmitir el volumen de datos que la Red requería. – Continuó
Arnav, su expresión seria. – Se precisaba algo que fuera capaz de
transmitir la cantidad superior de datos que los cerebros humanos
generaban.
- Era claro que el mejor modo para hacer algo así era
utilizar la propia transmisión neural. Eso eliminaría el Programa
necesario para transmitir las ondas mentales a datos binarios y
viceversa, lo cual le daría mayor velocidad, y a su vez se podría
eliminar el proceso en las mentes de hacer la misma traducción, lo que
disminuiría el efecto negativo de la Red en las personas. – Explicó
Abel. – Pero era claro que para eso necesitaban servidores que pudieran
operar recibiendo y enviando datos sin la traducción necesaria… Claro
que había en el momento, e incluso hoy en día, un solo modo de hacer
eso.
- Que otros humanos recibieran los datos, ¿Verdad? – Concluyó Evan.
- Exactamente. – Abel sonrió levemente.
-
Así fue que comenzaron a trabajar con Servidores humanos. Eso por
supuesto corrió por parte de Brand que debió forzar la actividad de
varias zonas del cerebro humano que nunca operaban de ese modo. A pesar
de todo el trabajo hecho, el más avanzado Servidor durante ese período
solo llegó a utilizar el cuarenta y tres por ciento de su capacidad
cerebral puramente en la transferencia de datos. – Continuó Azize. –
Aunque era cierto que solamente eso logró aumentar en un doscientos por
ciento la capacidad actual de nuestros mejores servidores. Pero a pesar
de haber elegido a las personas mas aptas, el rendimiento no era el
suficiente.
- Las mentes humanas no podían tolerar la sobrecarga de
información de la Red. – Explicó Abigail. – Eran demasiados años de
utilizar la mente de un modo completamente diferente.
- Así que comenzaron los experimentos en mentes que estuvieran más limpias. – Le dijo Arnav, casualmente. – Mentes de niños.
-
Entonces… - Evan observó alternativamente a los seis niños frente a él.
Recordó a Arianna, con sus seis o quizás siete años y frunció el ceño.
- Estas son nuestras verdaderas apariencias. – Le dijo Alecia finalmente.
-
Desde hace más de treinta años, la Red corre en las mentes de niños
genéticamente modificados. – Le dijo Anya, con una pequeña sonrisa
cruel. – ¡Buenas noticias!
- Eso es inhumano. – Evan no sabía como
sentirse. Esa revelación no tenía sentido, el que una empresa estuviera
utilizando niños como si fuesen computadoras y que nadie lo supiera. -
¡Hay leyes en contra de eso! ¡Alguien tiene que saberlo!
- El Grupo
A está mas allá de esas leyes, Evan… - Abel suspiró. – El mundo ya no
puede vivir sin la Red. Incluso nosotros mismos no podemos concebir un
mundo sin la presencia de la Red. Le trajo paz al mundo, le trajo
educación, oportunidades...
- Es nuestro mundo, nuestra escuela y
nuestro jardín de juegos… - Abigail sonrió. – Es nuestra razón de ser,
nacimos para ser parte de la Red.
- Somos dioses entre los humanos. – Concluyó Arnav. – Ninguno de nosotros está en contra de esto.
- Mi padre sabe de todo esto… ¿Verdad?
-
Claro que si. William Lowe es uno de los mayores genios detrás de todo
el proyecto A. El y Brand nos dieron vida… - Azize se encogió de
hombros y agregó con naturalidad. – Es porque el es como nosotros. Un
hijo de la Red.
- ¿Cómo ustedes? – Evan frunció el ceño.
- Claro
que si. – Alecia sonrió. – El señor Wilhelm trabajó en darle la mayor
capacidad posible de operación en la Red al señor William. Es lo mínimo
que podía hacer por su hijo.
- Arianna… Arianna también es una
persona real. - Sabía que comenzaba a sonar como un idiota, pero no
lograba que le importara. La noticia era demasiado para el.
- Así
es. Arianna es la más joven de nosotros y la que tiene más capacidades.
– Le respondió Abel. – Así mismo todos los espíritus que has conocido y
visto hasta ahora son los niños que forman parte de los Nodos y los
Servidores menores…
- Todos… ¿Incluso ella…?
- Arima. – Lo interrumpió Anya. – Fue Arima la que te intentó matar, a esta altura deberías haberlo deducido.
-
El anterior Servidor Principal. – Abel le dirigió una pequeña sonrisa,
casi como pidiéndole disculpas por la actitud de Anya. – Arima y Arisa
son un caso especial…
- Es política del Grupo que todos nosotros
seamos dados de baja cuando cumplimos los catorce años. – Explicó
Abigail. – Es el procedimiento normal, impide que nuestras mentes
sufran demasiado los efectos del esfuerzo de este trabajo… Y también
impide que abusemos del poder que tenemos.
- Después de eso se nos
da una identidad en el mundo real, pero la mayoría de nosotros prefiere
permanecer en el grupo una vez finalizado nuestro tiempo, como
investigadores o trabajando con la Red… – Agregó Abel. – Varios de
nosotros somos hijos de servidores o nodos anteriores.
- El Código
del Grupo dice que podemos retirarnos con solo pedirlo o con la
petición de nuestros padres. – Anya frunció el ceño mientras hablaba,
visiblemente molesta. – Pero no existen expedientes que traten de una
solicitud de retiro prematuro, así que no sabemos si es verdad.
-
Arima era el Servidor Principal antes de Arianna. Ellas dos tenían diez
años cuando Arima comenzó a comportarse de maneras irregulares y debió
ser retirada… - Azize retomó la explicación. – Algunos de nosotros
incluso estábamos allí durante esa época, y sabemos que Arima presentó
varias solicitudes para extender su trabajo como servidor más allá de
los catorce años... Aparentemente varios de los científicos del grupo
la apoyaban en eso, pero William vetó la solicitud y convenció al resto
del Triunvirato de contribuir al veto.
- Cuando la retiraron,
sucedió lo que ahora se conoce como el incidente Arima. Atacó las
fuentes principales de conexiones de Treinta Cero y ocasionó la caída
total de la Red. – Alecia suspiró mientras contaba esta parte. –
Demoraron siete segundos hasta en poner a Arisa en línea
provisoriamente. Ella era la sombra y respaldo de su hermana.
- En
esa época se operaba con dos servidores, el real y uno de respaldo para
evitar el exceso de esfuerzo. – Agregó Abigail. – Y ella fue la que se
encargó de mantener todo en línea mientras preparaban a Arianna.
- O al menos así fue hasta que Arima la mató. – Interrumpió Azize.
- Arisa… ¿Está muerta?
-
Si. Hasta donde nosotros sabemos ella si es un verdadero espíritu de la
Red. – Alecia continuó el relato esta vez. – No comprendemos muy bien
como es que ella aún está aquí, pero parece querernos ayudar siempre...
-
¿Y Arima? – Evan ya comenzaba a sentir los efectos de la situación una
vez más. No sabía si debía entrar en pánico o rendirse a la absoluta
locura.
- Attis nos dijo que luego de matar a Arisa intentó matarlo
a él. Como el no tenía cerebro le fue imposible dañarlo en los modos
tradicionales. Dice que durante todo el tiempo ella no dejaba de
balbucear cosas sobre haber estado en el Terreno de los Dioses y sobre
no querer volver a ser una mera humana... Ella escapó poco después de
matar a su hermana… El Grupo lleva varios años intentando encontrarla.
– Concluyó Arnav. – Pero aparentemente hay gente dentro del propio A
que no quiere que la encontremos.
- Entonces hay corrupción incluso dentro del Grupo… Tiene cierta gracia.
-
Por supuesto. No existen lugares donde no haya corrupción. – Abigail
rió quedamente. – Pero estamos acercándonos. Según William, pronto
tendremos a los culpables en nuestras manos. Y luego podremos
hackearlos para poder encontrar la organización de esa gente.
- Es bastante conveniente... – Evan rió también, pero con cierto sarcasmo. – Con razón el muy desgraciado parecía tan feliz.
- Pero eso va más allá de lo que veníamos a decir. – Abel retomó la conversación. – El problema es la Caída.
-
¿O sea que el hecho de que esta empresa esta modificando genéticamente
niños para usarlos como computadoras, y que algunos de esos niños se
vuelven locos y matan gente no es el verdadero problema?
- Suena
gracioso si lo dices así. – Alecia parecía genuinamente divertida, y
aparentemente Arnav y Abigail lo encontraban gracioso también.
- Si,
el problema es otro mas grave... – La sonrisa normalmente
tranquilizante de Abel había desaparecido. – El problema es la
posibilidad de la Caída.
- La Caída es lo más próximo que hay a un
mito entre nosotros espíritus. – Explicó Arnav, ahorrándole la
pregunta. – La Caída implicaría la desaparición de la Red como tal,
causaría daños cerebrales irreparables a las personas que en ese
momento estuviesen usando la Red... Y probablemente también la muerte
de todos los Nodos y Servidores.
- Sin embargo algo de esas
proporciones solo podría causarse directamente en Treinta Cero, ya que
es el único lugar de la Red que tiene acceso a todas las conexiones del
mundo, sean públicas o privadas. – Continuó Abigail. – Suponemos que
algo así solo podría ser hecho por el Servidor Principal.
- Una sobrecarga neural, ¿Verdad? – Evan comprendía eso más que bien.
-
Así es. Por eso estamos preocupados por Dominique. – Abel bajó la
cabeza un momento, de todos era el que parecía más preocupado. – La
podrían utilizar para acceder directamente a Arianna... Y con eso
causar la Caída.
- Maldición... – Evan se sentó en los escalones de la casa. – Esto vuelve el asunto un poco más urgente de lo que creía...
-
Ya es hora. – Azize observó a su alrededor interrumpiendo los
pensamientos de Evan. – Si seguimos aquí podemos llamar la atención y
ya te hemos explicado todo.
- Ah... – Arnav sonrió. – Entonces me voy primero. Buenas noches, hijo del jefe.
- Buenas noches... – Evan giró los ojos mientras el espíritu desaparecía y agregó. – Buenas noches a todos.
Abigail,
Azize y Alecia se retiraron en ese mismo orden. Anya se quedó de pie
observando al joven frente a ella por varios minutos.
- Tu madre es
Agnes McBride... – Anya rió. – Los genes de ella y los de tu padre... Y
los experimentos, claro. Es por eso que eres uno de los nuestros.
-
Anya, por favor, es más que suficiente por hoy. – Abel sonrió
amablemente, interponiéndose entre ella y Evan. – Somos suficientemente
maduros para no comenzar una pataleta.
- Nunca había visto uno
pelirrojo. Era curiosidad. – La chica giró los ojos. – Cuídate niño, y
cuida a Arianna, porque si causan la Caída de la Red, entonces perderás
mucho más de lo que puedes imaginar.
Evan escuchó el silencio de la noche por un momento.
Los únicos sonidos aparte de su propia respiración eran el sonido del mar y el sonido del viento entre las hojas.
Miró
las estrellas de la Red y se preguntó si las estrellas del mundo real
se verían igual de claras. Observó la playa de la Red y se preguntó si
sería igual que como era en el mundo real...
Finalmente dirigió la mirada a Abel, y por primera vez se preguntó si se vería igual que en el mundo real.
- Tu cuerpo... ¿Está cerca de aquí, verdad? – Preguntó, y con una sonrisa se anotó un punto al ver al niño dar un pequeño salto.
-
Sí, aunque no se como llegar a el... Y tampoco me interesa mucho, ya
pasaré suficiente tiempo en mi cuerpo cuando cumpla catorce.
- ¿Y nunca quieres salir?
-
Si. Claro que quiero, y quiero poder estar con otras personas de
verdad... Pero esto no es malo tampoco. – Abel sonrió. – El mundo es
grande, y me gusta poderlo ver entero... Además están el resto de los
espíritus. Ellos son mis amigos y compañeros... Y mis hermanos también.
- ¿No hubieras preferido una vida normal?
-
Todos nosotros crecemos y aprendemos en escuelas del Grupo. Se nos
hacen pruebas psicológicas e intelectuales durante todo ese tiempo... Y
a partir de los cuatro años, se comienza a elegir a los que estén
preparados. Yo estoy aquí desde hace tres años, me eligieron a los
cinco, y nunca me arrepentí...
- Arianna esta haciendo eso desde los cuatro años, ¿Verdad?
-
Ella estaba lista mucho antes. Sabemos que a los tres años tenía la
capacidad mental de un adulto, y según dicen a los dos años podía
manejar redes locales... Algunos piensan que eso da un poco de miedo. –
Abel rió quedamente. – Pero nosotros tampoco somos dechados de
normalidad.
- ¿Siguen viendo a los que son retirados...?
- A la
mayoría de ellos si. Por supuesto ellos son capaces de vernos
también... La Generación esta formada en gran parte por hijos de las
más nuevas generaciones de nosotros.
- Ya veo.
- Aunque también
hay a quienes no les gusta el sistema... Por eso no se suele emplear a
nadie que tenga una capacidad de razonamiento menor que la de un adulto.
- En otras palabras, toda la Red está llena de niños genios.
-
Algo así... Aquellos de nosotros que no son aptos, son recolocados en
varios de los orfanatos de la división Rhodes o enviados de vuelta con
sus padres.
- Lo cual no quita el hecho de que la experimentación en niños, y lo que se hace con ustedes no es moral.
-
El crimen y la ignorancia no eran morales tampoco, y de todos modos se
hacían. La mayoría de nosotros entiende eso y preferimos seguir
haciendo nuestro trabajo.
- De todos modos... Es decir, yo mas que
nadie se que una vida normal no es lo más fantástico del mundo, pero
deberían tener la oportunidad de tener una.
- Supongo... – Abel
sonrió, mirando a Evan. – Quizás ese pueda ser tu gran cambio cuando
obtengas el lugar de tu padre... Quizás puedas encontrar un modo de que
podamos vivir ambas vidas.
- No se si pueda hacerlo... Pero lo intentaré.