Capítulo Séptimo.
Donde Evan consigue un auto, un grupo enorme se entera de los hechos, y William... Bueno William es William.



Eran las diez de la mañana y Evan solo había dormitado en pequeños lapsos.
No podía engañar a nadie, estaba agotado, los sucesos del día anterior y la pequeña llamada de las cuatro de la mañana habían tenido su cuota de energía.
Sintiéndose más que justificado, hizo lo que cualquier joven de diecisiete años hubiera hecho en su lugar. Le dijo a su madre que estaba enfermo.
Para demostrar su punto fingió gripe, un resfriado, varicela, sarampión y amnesia.
Ninguna de las actuaciones fue realmente buena, pero su madre lo dejó faltar a sus clases, a modo de “premio por el esfuerzo”.

Milagrosamente recuperada su salud, Evan bajó las escaleras para desayunar con su familia.
William no estaba y varios de los espíritus parecían totalmente desconsolados por la falta de Dominique.
Paige estaba allí y Evan no pudo más que recordar la voz de Dominique (en una especie de eco, como en las películas) que le decía que preguntara a William por ella.
En algún momento pensó que se estaba volviendo loco. Pero ese hecho cada vez era menos importante.

Estaba metido en el asunto más ilógico que había visto en su vida.
Y estaba siguiendo el juego, porque le parecía lo más sensato.

Por todos los dioses, demonios y deidades paganas varias, se estaba volviendo loco.


Se dejó caer en la cama y se tapó la cabeza con la almohada. Lo que más quería en el mundo era meterse en la cama y ya no salir más, porque sabía que algo ridículo o terrible le sucedería en cualquier momento y terminaría metiéndose en otro problema.
Por dos minutos estuvo allí escondido, esperando.

Escuchó el silencio, los pájaros nuevos cantando...
Y cuando creyó que estaba a salvo se asomó.

Por supuesto estaba equivocado.


Cuando abrió los ojos, allí estaba William. El único y original William Lowe, muy sentado de piernas y brazos cruzados en su silla, junto a su escritorio, en su habitación. Y Evan no lo había escuchado entrar así que se sobresaltó, lo cual solo hacía peor la situación.
Su padre lo observaba con una sonrisa sardónica y una expresión en su rostro que parecía decir: “¿Y cuándo planeas decirle a tu madre que se llevaron a su hija?”.
No hace falta decir que Evan hubiera preferido la visita de algún espíritu homicida antes que la de su padre.
- ¿Y cuándo planeas decirle a tu madre que se llevaron a su hija? – Le preguntó.
- No tengo porqué decirle. Si no la recuerda es mejor, cuando la recupere veré que hago.
- Que filosofía más profesional. Definitivamente es tu estilo.
- Si viniste aquí a escupir sarcasmo y a demostrar cuanto más inteligentemente tú harías las cosas, entonces puedes irte al diablo y empezar a rescatar a Dom de tu lado. Yo tengo cosas mejores que hacer.
- Como quedarte en la cama frustrándote. Adorable.
- Maldición William, ¿Que es lo que quieres? – Evan finalmente se sentó en la cama. Ni siquiera hacía falta decir que estaba furioso.
- Recuperar a Dominique antes que nada. Las cosas que pasen luego serán efectos secundarios.

Evan guardó silencio. Tanto como odiaba a este hombre, no podía negar que tenerlo de su lado facilitaría tremendamente la búsqueda de Treinta Cero y de la propia Dominique. El podía proveer información y dinero. Quizás hasta contactos... Y necesitaba tenerlo de su lado si llegaba demasiado tarde y tenía que entrar ahí a buscar a su hermana.
El lado malo era que sabía que William utilizaría eso como otra excusa para demostrarle a Evan que no tenía modo de competir con sus capacidades obviamente superiores, y seguramente nunca lo dejaría olvidarlo...
El otro lado bueno, era que Evan sabía que estaba exagerando las consecuencias.

Finalmente tomó una decisión. Si podía pedirle ayuda a dos espíritus, una de los cuales lo hacía sentir especialmente incómodo, podía pedirle ayuda a William.
Solo tenía que conservar el decoro, y aparentar que era por su pura bondad que permitía a su padre participar en el rescate. Con una sonrisa, le preguntó algo que en realidad se moría por saber.
- ¿Qué tanto sabes de esto?
- Ah... Recibí varios informes diferentes... – William sonrió. Su expresión decía “te dejaré creer que ganas, porque eres mi hijo, será tu regalo de cumpleaños”, o al menos eso decía en la mente de Evan. – Pero se exactamente lo que tu sabes. Sobre Tyler, el asunto de Arima... Sobre la capacidad de Dominique de usar a Arianna lo sabía desde antes, por supuesto.
- Y nunca dijiste nada.
- Claro que no. No le dices a la gente que la hija de tu esposa utiliza los Servidores omitiendo las directivas de seguridad.
- Podrías habernos dicho a nosotros. – Apuntó Evan. – Podríamos haber prevenido esto de saberlo.
- Si, pero entonces tu hubieras causado mil problemas cada vez que ella y yo hiciéramos algo sin ti. Ese es tu estilo.
- Bien. – Cambió el tema rápidamente, nada satisfecho con el rumbo que tomaba la conversación. - Entonces sabes que necesitamos un modo de llegar a Treinta Cero.
- Personalmente conozco varios atajos, pero esos son secretos de la empresa. Necesitarías autorización de al menos dos de los tres integrantes del Triunvirato para utilizarlos.
- ¿Cuento con la tuya? – Evan frunció el ceño. – Conociéndote me puedes llegar a decir que no.
- Tienes toda la razón. Una gran parte de mi quiere decirte que no. – William rió. – Pero te daré el si, siempre y cuando la primera firma que consigas sea la de Rhodes.
- ¿Y porqué no la de Brand?
- Porque la pequeña Kathe firmaría apenas escuchara tu historia, tiene el corazón de manteca. Quiero verte trabajar. Una vez que Rhodes firme yo firmaré.
- Bien. Conseguiré la firma. – Evan se levantó de la cama. - ¿Y que sabes de Paige?
- Paige Moore... Si que es una preciosura, ¿Verdad? Es del grupo de Rhodes, pero la traje porque sabía que te gustaría.
- Estás mintiendo. – Y lo estaba haciendo de un modo bastante obvio también.
- Verdad. – William sonrió. – La traje para que fuera nuestro contacto directo con Gabriel. Ella le da informes a diario, y con eso mantiene al viejo bipolar fuera de mi espacio personal, dicho con todo respeto.
- Cosas corporativas. Como siempre.
- En realidad fue sorprendentemente beneficioso que Tyler decidiera hacer su estupidez en este momento, con ella en la casa.
- Eso debería quitarte credibilidad. – Evan observó a su padre fijamente. Si las miradas mataran, William llevaría horas sentado en una nube y tocando el arpa (o quemándose en el infierno, en la opinión de su hijo). - ¿Por que es conveniente?
- Podrás entrar más fácil a Treinta Cero... Tú y tu hermana. – William sonrió, poniéndose de pie. – ¿O no es claro que el que la estén llevando allí me es beneficioso? No estaría aquí sentado si no lo fuera, pero se que no van a dañarla y la van a acercar a Treinta Cero por mí.
- ¡¿Tú tienes relación con esto?!
- No te confundas, Evan. Simplemente estoy obteniendo un beneficio personal de algo que sospechaba que sucedería tarde o temprano. – Avanzó hasta la puerta de la habitación y sentenció gravemente. – La salud de Dominique es mi prioridad y tenemos satélites trabajando en esto... Pero las personas que se la llevaron conocen muy bien su trabajo y la Red...
- ¿Lo dices por...?
- Arima es la que está ayudándolos. – Prosiguió impasible. - Y Arianna aun no es lo suficientemente experimentada para tratar con ella.
- ¿Puedes verlos...? ¿A los espíritus? – No podía ser. Era demasiado adulto, William era mucho anterior a la Generación. Su padre sonrió y dio un paso más hacia la puerta. En el último momento se giró y miró a Evan fijamente.
- Así es. – Le dijo, su sonrisa acentuándose. -Después de todo... Yo soy el padre de la Generación.
Y con eso William abandonó la habitación.
Había unas cuantas cosas que Evan odiaba de su padre.
Desde cosas pequeñas como su modo de hablar, su modo de caminar y la forma en la que se dirigía a el, hasta cosas más grandes como el hecho de que respiraba y su mera existencia.
Pero de todas las cosas que Evan odiaba de William Lowe, una de las principales era su mil veces maldita manía de decir comentarios crípticos y luego largarse.

Se dio un baño para calmarse (y para limpiarse, se sentía sucio). En la ducha se le vino a la cabeza la idea de que tenía que hablar con Paige lo antes posible.

Notó ausentemente que ella no había dicho una palabra durante todo el asunto y había actuado como si no supiera de que le hablaban cuando Evan mocionó a Dominique en la mesa...

Diablos, la chica era buena.
Por un momento se sintió sumamente idiota.
¿Acaso era el único que no se había dado cuenta de nada?
Afortunadamente, esa impresión se le  quitó cuando Abel apareció mientras el estaba en la ducha.

Cuando término de sobresaltarse y gritar, salió de debajo de la lluvia y se tapó con la toalla tan rápido como pudo, el espíritu lo observó impasible durante todo el proceso, con su mejor cara de “no es nada que no haya visto antes”.
- ¡Tienes que aprender a tocar antes de entrar!
- No tengo cuerpo. - Apuntó el niño. – Además, he estudiado y observado la anatomía humana antes.
- ¡De todos modos! – Evan suspiró y se resignó. Se secó tan rápido como pudo y comenzó a vestirse. – Me sobresaltaste.
- Lo siento. – El espíritu sonrió y el joven notó que no lo sentía en lo absoluto, porque simplemente no entendía el punto.
- ¿Qué es lo que necesitas?
- Supe que William había hablado contigo. – Abel sonrió. – Eso es bueno, nos dio permisos para liberar mucha más información.
- Ah. Ese es mi padre damas y caballeros, su gracia es inconmensurable.
- Tienes que hablar con el señor Rhodes, ¿Verdad?
- Si. Aparentemente si consigo su firma tenemos todo. Pero por ahora lo que necesitamos es salir lo antes posible.
- Arisa pudo mapear la ubicación actual de Dominique en su última visita... Pero necesitarás un auto para empezar... Y luego un avión, probablemente, a menos que estas personas decidan mantener un perfil bajo...
- ¿Dónde están?
El espíritu hizo aparecer un mapa con una sonrisa traviesa. Evan supuso, correctamente, que hacer aparecer cosas de la nada no era algo para lo que los espíritus del Grupo A tuvieran permiso normalmente.
- Aquí. – Le dijo señalando un punto en el mapa, que a simple vista estaba a más de novecientos kilómetros de distancia. – Necesitaremos un auto rápido.
- Se están moviendo rápido...
- Si. Así que quizás sea un buen momento para que hables con Paige. Seguramente ella pueda conseguirnos algo si la convences de que no sería bueno que alguien no autorizado llegue a Treinta Cero.
- Sabes... Creo que ella está esperando a que yo le hable. Y que en realidad tiene el auto rápido que tú dices esperándonos en el estacionamiento principal de la Oficina de A.
- Eso si no tienen un jet. El señor Rhodes suele ser bastante extremista cuando algo no le gusta.
- De acuerdo, hablaré con ella apenas la pueda encontrar... Y saldremos de inmediato.
- Ella no nos puede ver... Pero sabe que existimos. Así que se sincero con ella... Bueno excepto en la parte de que porqué William la trajo, pero eso no va a sorprenderla. Tu padre tiene bastante mala fama en ese sentido.
- Ah... Me preguntó porqué.
- ¡Buenas tardes! – Abel le sonrió y con eso desapareció.


Evan sabía más que bien que el siguiente paso era buscar a Paige. Quizás podía avisar a sus compañeros sobre su futura ausencia. Quizás inventar alguna buena excusa para darles a ellos y a Agnes e Ismael, para que no se preocuparan.
Al menos tenía la seguridad de que el Grupo se encargaría de encubrir su muerte en el peor de los casos, así que su mentira nunca sería descubierta, y por el otro lado si recuperaba a Dominique entonces todos estarían demasiado concentrados en eso para recordar la mentira.
Era una situación donde siempre salía ganando, seguro.


Se sentó en la sala y esperó.
Esperó, esperó y esperó.

Estaba convirtiéndose en un manojo de nervios cuando un breve mensaje de Dominique “Estoy bien, pero me están mirando” lo logró tranquilizar un poco.

Paige volvió a la casa a las cuatro de la tarde, toda sonrisas y amabilidad.
Evan esperó, con paciencia digna de un santo, a que ella terminara de hacer sus cosas antes de invitarla a salir. Paige le dirigió una sonrisa que decía “estaba esperándote” por todos lados. El le dirigió un gesto que decía “me hubieras dicho antes, y caso resuelto”.

Ambos supieron que esto era el comienzo de una hermosa misión suicida de rescate.


Salieron a merendar.


Ambos pidieron té, y Paige pidió además algunas galletas.
La conversación era algo tensa, con los dos mirando alrededor para confirmar que nadie más los viera. Con cierta reticencia, Evan se desconectó de la Red, para asegurarse de que ningún espíritu pudiera escucharlo.
- ¿Entonces? – Le preguntó ella finalmente, ya dejando de lado las sutilezas.
- Te preguntaría… - Evan rió quedamente, – Pero aparentemente ya todo el mundo sabe más de lo que debería saber de todos modos.
- Ah… - Paige le dirigió una mirada levemente apologética. – La investigación de los espíritus es en realidad uno de los proyectos más recientes de la división Brand, y se supone que nosotros nos mantengamos fuera de los puntos más finos de la misma.
- Ya veo. Un modo bonito de decirme que no me podías decir que sabías de los espíritus.
- Algo así… Además, oficialmente mi trabajo es ser parte de la Comisión Disciplinaria, solo debería cuidar que nadie se salga de las reglas… Y las reglas dicen que lo que es de Brand pertenece a Brand hasta que decidan compartirlo.
- Y como siempre, no todos saben quedarse en su lugar...
- Exactamente. Uno de los científicos de Lowe, Tyler Briggs por supuesto, estaba aparentemente metiéndose en terrenos que no le estaban permitidos… Se sabía de al menos dos veces en las que había intentado acceder a las bases de datos encriptadas de Brand…
- Y déjame adivinar, mi padre estaba informado.
- Así es. Pero eso no es sorpresa. – Ella le dirigió una pequeña sonrisa cómplice que Evan no pudo evitar responder. – Cuando el señor Rhodes descubrió lo que sucedía pidió al señor Lowe para enviarme, y así vigilar a Briggs… Y no hace falta decir que también a Lowe…
- Por supuesto.
- Parecía que no iba a ser más que una investigación de rutina, pero algo salió muy mal...
- Dímelo a mí. – Evan rió por lo bajo. – Entonces, ¿Cuál es tu plan ahora?
- Sinceramente, no tengo idea. – Paige suspiró. – Para mejorarlo, el muy desgraciado escapó con una buena cantidad de información sensible que no debía salir de los laboratorios...
- Los científicos asesinados... ¿Tenían que ver con esto?
- Correcto. Todos ellos tenían en menor o mayor grado conexión con la investigación sobre los espíritus.
- Ya veo. – Guardó silencio un momento, pensativo, antes de agregar. – Te van a colgar por los pulgares, ¿Verdad?
- Eso también es correcto. – Paige suspiró. – Y eso si tengo suerte.
- Bien... – Evan suspiró. Abel tenía razón, su padre tenía razón... – ¿Recuerdas a Dominique?
Paige negó educadamente.
- ¿Debería...?
- Es mi hermana. Aparentemente Tyler se la llevó cuando escapó... Y solamente las personas sensibles a los espíritus parecemos recordarla.
- Ah... – Paige frunció el ceño. - ¿Quieres decir que podemos agregar secuestro a los cargos?
- Si. Y dentro de poco quizás un par de cargos más, porque la está llevando a Treinta Cero.
- O-oh... – Por un momento ella simplemente se quedó observándolo, incapaz de articular palabra y cuando finalmente pudo hablar no pudo decir nada coherente. – ¡Por todos los dioses, es una locura!
- Lo sé.
- Si no podemos detenerlos... – Paige apretó un poco la servilleta entre sus manos, parecía agitada. – Más gente podría morir... Mucha más gente de la que podríamos pensar.
- Por eso debemos buscarlos y detenerlos.
- Pero... – Ella fijó la vista en la servilleta y en sus propias manos por unos segundos. – Yo no conozco la ubicación de Treinta Cero... Se supone que nadie la conozca fuera del Triunvirato.
- Yo puedo llegar hasta ahí. Solo necesitaré la autorización de Rhodes... Y para eso necesito hablar con él.
- Ah... Si necesitas dos autorizaciones...No sería mejor conseguir la de Brand? La señorita suele ser bastante más accesible,  y supongo que cuentas con tu padre...
- No exactamente. William no firmará hasta que Rhodes lo haya hecho.
- Oh... – Paige bajó un poco la cabeza antes de agregar casi en un susurro. – Tu padre es una persona muy especial...
- Es un desgraciado, lo se.
- Ah... Informaré al señor Rhodes sobre esto ahora mismo. El seguramente podrá brindarnos un medio de transporte adecuado para esta clase de viajes.
- Bien. Sería bueno que tuvieras todo listo lo antes posible.
- Oh descuida. Aunque en estos días no lo parezca, soy bastante buena en mi trabajo.


Evan se encontró con la Banda esa tarde. Y durante toda la tarde, Clara lo miró extrañada. Durante toda la tarde, Jay no paró de irse del tema, y Erin... Bueno, Erin parecía la misma de siempre.
Los tres se miraron una y otra vez entre ellos y luego a Evan.
Luego de veinte minutos, Evan notó que el bajista (como fuera que se llamara) no estaba.
- Ah... ¿No nos falta alguien? – aventuró finalmente.
- Le dijimos a Emanuel que no viniera hoy.
- Ah... – Observó a su grupo, extrañado. - ¿Por qué razón?
- Dominique... – Dijo finalmente Jay. Evan parpadeó perplejo, no había modo de que ellos recordaran. – Erin explícale...
- Bien. Anteayer preparé la agenda de ayer fuera de la Red. No teníamos buena señal y de todos modos no había porqué. Mientras lo hacía, noté que algo se sentía diferente. No entendí muy bien que era, así que comencé a revisar los últimos meses, en caso de que me olvidara de algo.
- ¿Encontraste algo? – Evan parecía más nervioso de lo que debía.
- Si, pero no lo encontré en la agenda, sino en un papel. Aparentemente llevaba un tiempo debajo de la cama cuando Minerva lo encontró mientras perseguía su ratón de juguete. Lo traía en la boca cuando pasó junto a mí así que se lo quité...
- Hasta que esa gata hace algo útil. – Agregó Jay, ganándose una mirada sucia de Erin.
- El papel tenía su nombre... Decía que nos encontraríamos con Dominique... Estuve un rato para recordar de donde conocía ese nombre... Hasta que recordé que tu lo habías mencionado un par de días atrás y luego te habías ido bastante nervioso.
- Y en resumidas cuentas... – La interrumpió Jay. – Queremos saber que diablos está pasando. ¿Cómo es que todos nosotros pudimos olvidarnos de esta persona Dominique a la misma vez?
-  Eso... Es una historia larga y no creo que contársela sea lo mejor. Mientras menos sepan más seguros estarán.
- Lo que creemos es que alguien se la llevó para extorsionar a tu padre. Eso tendría sentido, después de todo es la hija de su ex esposa y todo el mundo sabe que el se mantiene en buenas relaciones con tu familia. – Comentó Clara desde su lugar detrás de la batería.
- Y si es así y tienes alguna pista, queremos ayudar. – Concluyó Erin.
- Eso no es una buena idea. – Evan negó con la cabeza. – Créanme en eso, si saben pueden terminar mal.
- No creo que podamos ir más lejos que la madre de Emanuel. – Murmuró Jay y Clara le propinó un golpe en la cabeza.
- ¿Qué paso con su madre...?
- ¿No lo viste? Aparentemente la asesinaron mientras dormía... Em encontró el cuerpo.





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