Capítulo Sexto.
En el que la espiral descendente de acentúa: Dos desapariciones, el cuarto cambio y un espíritu preocupado.


La mañana del lunes, Evan olvidó buscar un cambio.
Cuando bajó a desayunar, luciendo un flamante par de pantalones negros y una camisa del mismo color, cortesía del tercer cambio, notó que Dominique no estaba.

Agnes, que ya estaba visiblemente mejor de salud, le indicó que Dominique había salido temprano en la mañana, pero que volvería para el almuerzo. También hizo varias notas de aprecio por el sentido de la moda de su hijo, totalmente encantada porque el color negro resaltaba todos sus genes mutantes bizarros. 

Tyler estaba afuera, probablemente persiguiendo espíritus con una red, y Paige aun no comenzaba su jornada diaria. Los cuatro desayunaron, y Evan salió a clases, sin saber que cuando volviera todo se habría ido al infierno.


En la tarde, Evan le envió un mensaje a Dominique y no recibió respuesta. Debería estar ocupada... Lo comentó bromistamente en el grupo, y ahí todo se fue al diablo.
Supo que algo andaba mal cuando el bajista (¿Cómo diablos era que se llamaba?) le preguntó con su mejor expresión de perdido “¿Dominique quién?”. Bien, el bajista era medio tonto y podía olvidarse de la chica que lo hacía ruborizar cada vez que era mencionada, pero cuando el resto parecieron estar de acuerdo, Evan casi entró en pánico al quedarse sin excusas para decirse a si mismo.

Corrió hasta su casa, olvidando totalmente el hecho de que podría haber pedido ayuda a un espíritu, y con cierto temor preguntó a su madre si Dominique había vuelto.
“¿Dominique quién?” respondió su madre, con una pregunta.
Esta vez si entró en pánico.

Intimidado por la situación se asomó a la habitación de su hermana. Bueno, al menos lo intentó, porque era difícil asomarse a una habitación que no existía.
No había puerta, la pared no sonaba como si hubiera una habitación del otro lado...

Ahí estaba su temido cuarto cambio...
Algo había borrado a su hermana de la existencia y el no tenía modo de lograr que alguien lo supiera.
Evan hizo lo que cualquier persona sensata habría hecho en una situación así...
Se encerró en su habitación y llamó a Abel a gritos.

Antes que Abel apareció su madre, a quien Evan logró distraer diciéndole que estaba en una llamada de voz. Agnes rió suavemente, y le pidió que por favor no gritara tanto mientras abandonaba la habitación.


Abel apareció al cabo de veinte minutos.
A esa altura Evan estaba mordiéndose las uñas en desesperación. Había mandado aproximadamente veinte mensajes a Dominique. Había llamado a la supuesta guardiana de su hermana, Arisa, a gritos y finalmente había intentado acceder a un satélite para buscarla.
Eso último había sido un fracaso bastante estrepitoso. Nada de satélites, sus nervios eran tales que la Red apenas respondía a sus comandos normales.

Abel parpadeó una vez y luego otra.
- ¿Qué sucede? – Preguntó un poco preocupado. Evan notó ausentemente que el espíritu traía un block de dibujo y un lápiz, pero eso ahora no tenía importancia.
- Dominique. Algo se llevó a Dominique.
- ¿Que dices? – Por un momento Abel pareció tan nervioso como Evan. Inmediatamente recuperó la calma. – La buscaré... Si está en la red yo puedo encontrarla.

El niño cerró los ojos y Evan frunció el ceño... No sabía hasta que punto podía confiar en que este espíritu le hubiera dicho la verdad. Hasta que punto un espíritu que decía ser todo el servidor de América del Sur no podía simplemente hacer desaparecer a la gente de la faz de la tierra utilizando los poderes que todos sabían que tenía.
Si acaso este espíritu no era culpable. Si todos los espíritus eran culpables y el como un idiota había vuelto a confiar en ellos a pesar de lo que había sucedido aquella vez...
Respiró hondo. Tenía una promesa que cumplir, solo debía ser precavido.

- No... No la puedo encontrar. – Abel parecía abatido, y quizás un poco frustrado. – Esté donde esté, no está conectada a la Red.
- No puede ser. Si ella desapareció hoy en la mañana es imposible que esté fuera del área de la Red.
- De todos modos ella no podría estar fuera de alcance. – El niño parecía estar pensando bastante sobre el asunto. - Esté donde esté, es imposible que Dominique esté fuera del alcance de la Red, porque ella utiliza directamente el Servidor Principal.
A Evan le tomó aproximadamente formar una respuesta coherente, y la verdad era que no era tan coherente como hubiera deseado.
- ¿Qué...?
- Eso quiere decir que... – Abel se detuvo y observó a Evan. Ladeó la cabeza, curioso, y luego de un minuto se dio cuenta. – Oh... Lo dije en voz alta.
- Es una locura. Nadie puede conectarse al Servidor Principal sin ser parte de los altos rangos de A. Dominique no tiene esa clase de accesos, al menos no que yo sepa.
- Te equivocas. Hay dos modos de conectarse con el Servidor Principal... El que tú dijiste es uno. El segundo, consiste en que Arianna te de permiso.
- ¿Arianna...?
- El servidor principal, claro.
- Claro. – Repitió Evan. Ya bastante le costaba asumir que tenía frente a el a la Red de América del Sur como para asumir que en alguna parte había un servidor principal caprichoso.
- Arisa me dijo que ellas ya se habían comunicado.
- ¿Como... como es esa Arianna que dices?
- Ah... – Abel rió. – No la he visto más que un par de veces, y la última vez ella era muy pequeña... Medía un metro siete centímetros... O sea más o menos así de alta... – Hizo una seña un poco por debajo de sus costillas. – Y tenía el cabello largo y muy blanco... Y los ojos muy rojos. Siempre nos llamó la atención porque ningún otro espíritu tenía coloraciones de ese tipo.
- Es la misma... El espíritu en los sueños de Dominique.
- ¿Si? Eso es bueno. Quiere decir que tu hermana puede entrar a la Red desde cualquier lado, o sea que lo suyo no es pérdida de señal... Y puesto que nunca se desconecta para dormir y que si la hubieran dejado inconciente cuando conectada también estaría en la red...
- Eso nos deja dos opciones...
- Que ella se haya desconectado o que...
Ambos guardaron silencio. Ninguno quería pensar en la segunda opción.
- Estuve llamando a Arisa. – Evan cambió el tema bruscamente. – No me respondió, pero eso no me sorprende.
- Arisa... Ella tiene que saber algo más. Intentaré contactarla. – Abel sonrió. – Eso es una buena señal. Si Arisa no está aquí eso quiere decir que sigue cuidando a Dominique.
Y eso quería decir que aun había Dominique para cuidar. Evan asintió.
- Ten cuidado. – Se sorprendió diciendo.
- Está bien. Ten cuidado tú. – Y con esas palabras desapareció.



Evan se dejó caer sobre la alfombra y miró al techo.
No importaba cuanto le daba vueltas a las cosas, esta historia no tenía sentido alguno si los espíritus no entraban en ella, e incluso con los espíritus apenas tenía suficiente sentido para parecer una historia.
Suspiró.

Sentía que se perdía de algo.


Agnes lo llamó a cenar a las nueve y media, como siempre. Evan bajó y cenó. Dominique no estaba y Tyler tampoco.
Sintió una corazonada y preguntó por él. “¿Tyler quién?” le respondieron todos.
Supo que había encontrado otra pista.
Arisa llegó en la noche acompañada de Abel.
Evan suspiró. Solo tenía que desconectar la Red y los espíritus se habrían ido. No más Abel con su sonrisa tranquilizante y no más Arisa con sus miradas culpables. Llamaría a la policía y ellos buscarían a Dom.
Sabía que nunca la encontrarían y aunque lo hicieran no podían volver atrás las memorias de todos (después de todo, un poder así no existía, ¿Verdad?) pero lo ayudaría a conservar lo que el creía que era su cordura.
Suspiró. Nunca resolvería esto sin los espíritus y lo sabía más que bien. Pero claro, el también había heredado una parte de la terquedad McBride y tenía más práctica que Dominique en eso de usarla...


Los espíritus visitantes se sentaron en la alfombra junto con Evan y por un momento los tres solo intercambiaron miradas.

- Tyler también desapareció. – Les dijo Evan. – Del mismo modo, mas miradas vacías y mucho “¿Tyler quien?”. Desaparecieron juntos y del mismo modo.
- Quizás buscarlo a él sea la solución... – Musitó Abel. – Pero por ahora escucha a Arisa. Hay varias cosas importantes que podrías aprender de su relato.
- Entiendo. – Dirigió la mirada a Arisa que aguardaba en silencio viendo al piso fijamente, y se preocupó un poco (solo un poco) por la integridad física (o mental) del que se había llevado a su hermana. – Gracias por venir.
- No es nada... Además quiero ayudar.
Por un momento, Evan juró que conocía a ese espíritu más allá de las veces que la había visto. Su voz era tan parecida, pero tan diferente a la vez... Pero eso no era de importancia. Cualquier información que ayudara a recuperar a su hermana estaría bien, no importaba de donde viniera.
- Bien, te escucho...
- Todo estaba bien en la noche... – Comenzó Arisa, quizás un poco tímida en las primeras palabras. – Dominique estaba durmiendo y yo la estaba cuidando como siempre. En la mañana salió y yo la seguí como siempre... Entonces se le acercó esa persona nueva... Tyler. El me miró... Eso no me gustó nada.
- ¿El se la llevó? – Preguntó Evan, ansioso. Arisa prácticamente estaba divagando y era necesario mantenerla en línea.
- Ella se fue con el. Pero el no la obligó ni pareció forzarla. Ella fue porque él le dijo que le mostraría el camino a Treinta Cero... – Arisa frunció el ceño. – Y Dominique fue. Lo primero que pensé era que se veía diferente, que algo estaba mal... Y después lo comprendí.
- La estaban controlando, ¿Verdad?
- Así es. Algo estaba dentro de la mente de Dominique. Y tenía que ser algo fuerte, porque no es fácil meterse en su mente... Algo que no entendemos la protege.
- Háblale de ella... – Sugirió Abel, y Arisa asintió con la cabeza.
- Creo que fue Arima. – Dijo finalmente.
- Arima... – Evan sabía que había escuchado ese nombre en alguna parte. Por un segundo, la niebla se disipó de su memoria y asintió con la cabeza. Era el nombre de la versión anterior del Servidor Principal.
- Ella podría haber hecho eso. Tiene más que suficiente capacidad y poder... Además se parecía mucho en su modo de ser y actuar. Lo que más me llamó la atención fue su modo de andar. La forma de Dominique era totalmente diferente...
- ¿La conoces? A esa Arima...
- Son gemelas. – Interrumpió Abel, devolviendo la sonrisa de agradecimiento de Arisa, que no parecía exactamente cómoda hablando de su hermana. – Dos partes de un mismo ser. Pero Arisa era la mitad secreta, el Servidor de respaldo.
- Ya veo... – Evan frunció el ceño. – ¿Y porqué es que Dominique está fuera de la línea?
- Yo se lo pedí. – Arisa le dirige a Evan una mirada un poco culpable, pero a la vez decidida. Su voz ahora es más segura. – Arima no podrá tocarla si está fuera de la Red. Pero acordamos que se conectaría cada seis horas, para que podamos trazar su ubicación actual y saber que se encuentra bien.
- Bien. Cuando se conecte de nuevo quiero hablar con ella. Tengo algunas preguntas que hacerle.
- Se lo diré... – Con eso Arisa se puso de pie. – Seguiré vigilándolos y cuidándola...
- ¿Y que sucede con el desgraciado de Tyler? – Preguntó Evan, quizás con más disgusto del que pretendía poner en su voz.
- No logro entender de que lado es que está esta persona. Por un lado parece ser el que más cuida de Dominique, pero por el otro también es el que parece tener más apuro por llegar a donde sea que estén yendo... No me hace sentir nada tranquila.
- Descuida. No eres la única. – Evan rió por lo bajo con cierta amargura. – Mantenlos vigilados e infórmanos sobre los movimientos de Dominique. Si puedes averigua con quienes está. Yo intentaré conseguir un modo para ir a buscarla... Y necesitaré que traces una ruta para mi, Abel...
- Así lo haré. – El niño sonrió levemente. - Pero ten cuidado con lo que eliges. Cualquier persona que te lleve deberá no hacer preguntas o ser sumamente confiable.
- No arriesgaré a Dominique con una decisión apurada... Además estoy hablando con varios espíritus y pidiéndoles favores. – Evan se encogió de hombros. – Pedirle a alguien cualquiera que me lleve a Treinta Cero sería menos estúpido.
- Ciertamente. – Abel rió, aparentemente inmune a las palabras del joven. – Intentaré obtener un permiso de ingreso a Treinta Cero. Si realmente están yendo allí, podemos correr más peligro del que esperábamos.
- ¿Es verdad que ahí esta el Servidor Principal, entonces?
- Si. Pero nadie puede entrar sin la autorización de las tres cabezas...
- Fantástico. – Evan sonrió, sarcástico. – Siempre entra William en todo.
- Descuida. – Abel sonrió poniéndose de pie. – Yo me haré cargo de todo. Si no, le perderé un permiso a Arianna. Ella debe poder hablar con el Guardián y obtener las autorizaciones.
- No tengo idea de que hablas. – Respondió Evan en un tono bastante conversacional.
- La tendrás a su tiempo. Por ahora, hay ciertos secretos del Grupo A que deberán ser secretos por un tiempo más.
- Entiendo, entiendo. Siempre que me digas que es lo que puede matarme antes de que me mate y recuperemos a Dom, todo estará en orden.
- De acuerdo... – La mirada del niño se puso en blanco por un momento y rápidamente cambió el tema. – Arisa. Ya es hora.
- Bien, vamos. – Ella sonrió levantándose del suelo en un salto ágil. – Dominique te llamará en las próximas horas... No pierdas la atención.

Abel y Arisa se retiraron sin sonido, igual que como habían venido. La chica aun parecía algo contrariada cuando abandonaron la habitación, pero eso era de esperarse.
Evan se dejó caer sobre la alfombra con un suspiro profundo.

No tenía idea de porqué diablos habían decidido llevarse a Dominique, pero estaba seguro de que tenía que ver con los espíritus, especialmente con aquella niña, y con el poder que Dom tenía pero que nunca nadie entendió correctamente.
Ni siquiera ella misma.

Tomó especial precaución de no desconectarse de la Red y se puso a escuchar música. Pronto Dominique llamaría y el podría sentirse más tranquilo. Por ahora era más urgente decidir a quien llevaría a buscar a su hermana... Y en quienes podía confiar realmente.




Ni siquiera recordaba cuando se había dormido.
Suponía que había sido entre un pensamiento y otro, cuando la mente humana simplemente ingresaba en terrenos que nadie podía explorar... Suponía que estaba siendo demasiado filosófico y que simplemente estaba demasiado cansado por todas las emociones del día.

Se sentó, mientras ausentemente notaba que en los últimos días había pasado más tiempo en la alfombra que en ningún otro lado.
Se acomodó el cabello con los dedos, tiró un poco de su ropa para sacarle las arrugas y finalmente notó que eran las cuatro de la mañana. Volver a dormir soñaba increíblemente atractivo en este momento, y acomodándose estaba cuando recibió la llamada.

- ¿Evan?
- ¿Dom? ¿Eres tú?
- ¡Si! Ah... Arisa me dijo que estabas preocupado. Lo siento no quería quedarme desconectada pero dice que...
- Lo se. – La interrumpió Evan. – Arisa me contó la historia. No tenemos mucho tiempo así que dime como te encuentras.
- Ah... Estoy bien, me cuidan mucho, porque dicen que soy importante... No entiendo porque... Ah, Tyler también esta aquí, se porta muy raro ahora...
- El... Dominique, ¿Está en la Red ahora?
- No. Solo se conecta cuando duermo, o eso me dijo Arisa. De todos modos, no te preocupes, estoy bien... Hablé con la niña... Me dijo que se llamaba Arianna y que ella me ayudaría cuando estuviera más cerca...
- ¿Hay alguien más aparte de Tyler?
- Si. Hay dos mujeres y un hombre más... Te enviaré imágenes de ellos la próxima vez.
- De acuerdo, pero ten cuidado, no te fíes de nadie, y mantén un ojo abierto cuando se trate de Tyler... Nunca me gustó mucho.
- De acuerdo, de acuerdo. Soy grande, puedo cuidarme. – Evan pudo sentirla sonreír al otro lado de la comunicación. – Tu también ten cuidado, no hagas tonterías... – Una pequeña pausa. – Arisa te dirá donde estoy.
- Lo se. Estaré allí pronto. No hagas nada que provoque a esas personas.
- Claro que no. No soy tú.
Evan rió quedamente.
- Tienes razón... Ten cuidado de todos modos.
- Lo haré. Ya tengo que irme o se van a dar cuenta...
- De acuerdo... La próxima vez que estés en línea déjame un mensaje, ¿Si? Evitará la paranoia.
- Lo haré... – Dominique hizo una pequeña pausa, casi podía verla frunciendo el ceño. – ¡Ahora recuerdo! Uno de los espíritus me dijo algo sobre Paige... Sobre que Tyler no la quería ni ver, pero no me dijo porqué... Pregúntale a William, el tiene que saber algo.
- Lo haré...
- No hagas trampa. Se que no quieres hablarle.
- Sabes que lo haré. – Ambos rieron.
- Bien. Pórtate bien, ¿Si?
- Eso debería decírtelo yo a ti.
- ¡Nos vemos en seis horas!
- Hasta luego...

Y después, silencio.










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