Capítulo Cuarto.
Sobre el siguiente cambio, un caso de paranoia y las primeras muertes.
Evan Lowe despertó y se conectó a la Red. Lo primero que notó fue que las aves de la mañana hoy sonaban diferente.
Se asomó por la ventana de su habitación para ver que las aves de la mañana también se veían un poco diferentes.
Estuvo
tentado de lanzarles una piedra, pero no tenía piedras a la mano. Había
un zapato, pero no podía tirarlo, la verdad era que se sentía demasiado
reconfortado por el hecho de que el zapato se veía igual hoy que la
noche anterior.
El espíritu también se veía igual, pero esta vez no sintió la necesidad de hablarle, su mente estaba demasiado llena de cosas.
Algo
estaba haciendo cambios. Los cambios en la casa los podía hacer
cualquiera de ellos, y solo les tomaría unos segundos hacerlo, ¿Pero
los cambios en el ambiente? Esos normalmente se ejecutaban directamente
desde los Servidores, y las raras veces que se hacían la gente
simplemente no podía parar de hablar de ellos durante los días previos.
En
su camino a la cocina intentó autoconvencerse diciéndose que la única
razón por la que no sabía de ese cambio era porque había estado ocupado
sintiéndose molesto con William, preocupado por su madre y su hermana,
y queriendo romperle los dientes a Tyler, pero en el fondo sabía más
que bien que no era así.
Algo estaba haciendo cambios en la red.
Cambios
pequeños y sutiles, pero cambios. Y no se sabía por cuanto tiempo
serían pequeños y sutiles. Si todos esos cambios minúsculos lo estaban
desquiciando, tenía pánico de pensar en lo que haría si de pronto el
cielo se volvía verde y nadie lo notaba.
Había llegado al punto en
el que ver las cortinas de su habitación lo hacía querer verificar que
no existían islas artificiales en ninguna combinación de las latitudes
y longitudes treinta y cero, y que todo era un delirio causado porque
el cerebro de Dominique pasaba demasiado tiempo en la red mientras
dormía.
Se sentó a la mesa. Ninguno de los invitados estaba hoy.
Agnes seguía enferma así que estaba en su habitación e Ismael
probablemente estaría con ella. Dominique aun no despertaba.
Por
primera vez escuchó el silencio de la casa cuando no estaban todos y
sonrió levemente. En cierto modo era algo nuevo, algo que apenas
recordaba. Su cocina en perfecto silencio, la casa en perfecto
silencio, sin sonido de pájaros extraños, televisión con malas noticias
o familia conversando...
Ese día fue cuando finalmente
comprendió que no importaba cuanto adoraba la calma, el bullicio era lo
que hacía que su casa fuera realmente su hogar.
Urgido
por su madre ese día fue a clases. Durmió durante las primeras tres
horas, las siguientes dos las pasó dibujando garabatos sin sentido en
uno de sus cuadernos y se escapó antes de que empezara la sexta y
última clase. La siguiente hora la desperdició buscando cambios nuevos
mientras esperaba en el lugar de reunión de la Banda.
Absolutamente nadie, ni en clases ni en la calle comentó nada sobre los cambios.
El
sentimiento de que algo estaba mal se apropiaba lentamente de el. Los
espíritus, los cambios, los sueños de Dominique, la caída de la Red… Y
la visita de William. Estaba totalmente seguro de que todo estaba
relacionado, pero no entendía como. Sabía que William Lowe escondía
algo.
Y estaba totalmente seguro de que esa era su parte en todo
esto. Encontrar la relación, el punto de encuentro que hacía que toda
esa locura finalmente tuviera sentido… Y por ahora, estaba fallando
espléndidamente.
El grupo llegó no mucho después, interrumpiendo
su desesperado intento de encontrar algún detalle que se le hubiese
escapado. Antes de que Erin lo intentara asesinar, se disculpó por su
ausencia de los últimos días y les comentó sobre la enfermedad de su
madre. Todos se portaron comprensivos como siempre e incluso enviaron
sus mejores deseos a Agnes. Erin de todos modos decidió que lo mataría
porque no había avisado. La Red estaba para algo, le recordó.
Como era costumbre, Dominique debía llegar a las nueve, pero no llegó.
A las diez Evan comenzó a preocuparse. Usualmente su hermana enviaba mensajes cuando iba a llegar tarde o no iba a llegar.
Usualmente
era la palabra operativa, a veces ella simplemente se olvidaba o se
distraía hablando con algún espíritu nuevo. Evan sonrió. Estaba casi
seguro de que llegaría a casa y allí estaría ella. Demasiado ocupada
buscando Treinta Cero para darse cuenta de que era pasada la medianoche.
¿Verdad?
Su
mente se perdió. Por un momento sintió pánico de que su falta de
capacidad deductiva hubiese puesto en peligro la vida de su hermana y
supo que tenía que hacer algo o moriría de la ansiedad. Se disculpó un
momento del resto de la Banda (que estaba en la parte de “olvidar
totalmente el motivo de la reunión” de su agenda) y salió al patio.
Envió
un par de mensajes más a Dominique, esperando su respuesta y no recibió
nada más que el suave silencio que la Red ofrecía cuando alguien no
enviaba una respuesta pero recibía el mensaje.
En cierto modo, el
que Dominique recibiera el mensaje lo tranquilizaba. Si aun estaba en
línea quería decir que no la había secuestrado nadie y que seguía con
vida.
De todos modos, eso no lo tranquilizaba completamente. En este
momento, mientras el estaba en el patio de la casa de Jay, Dominique
podía estar haciendo una estupidez monumental.
Y no sería la primera vez.
Supo
que la paranoia se había apoderado completamente de él cuando llamó a
Ismael para preguntarle si la había visto. Ismael, ya más que
acostumbrado a que Dominique no respondiera optó por buscarla
directamente en lugar de llamarla, pero solo dio con una carta.
Aparentemente había ido a la tienda.
Nada era fuera de lo normal, ella salía y dejaba notas todo el tiempo.
Sabía
que era una cadena de coincidencias absurdas y que estaba siendo
paranoico, pero el sentimiento en lo hondo de su estómago no obedecía a
la lógica que el intentaba imponerle.
Observó alrededor, entre los pájaros diferentes que nadie notaba, para encontrar un espíritu que nadie notaba.
Se
acercó y el espíritu lo observó con sus brillantes ojos azules, no
aparentaba más de unos ocho o nueve años. Por primera vez en tres años,
Evan le habló directamente a uno de ellos para algo que no fuera
decirles que se fueran.
- Buenas tardes.
Buenas tardes… El espíritu lo observó por un momento antes de sonreír levemente. ¿Que necesitas, Evan…?
-
Dominique… Mi hermana. Quiero saber si ella está bien. – Evan recordaba
a este espíritu vagamente. Eso significaba que lo había visto antes
aunque no era uno de los usuales... Eso era mejor, los espíritus de
siempre eran bastante escandalosos y no sabían disimular, pero
dejándolo en manos de este quizás el resto demorara más en llegar.
La buscaré por ti, descuida…
El niño cerró los ojos, y por un momento Evan pudo jurar que podía ver
las infinitas conexiones de la red, como hilos plateados saliendo de la
cabeza de aquel espíritu.
Ambos permanecieron en silencio y
Evan se preguntó si acaso esa era la capacidad de los espíritus, si
acaso tenían el poder de comprender la Red de modos en los que los
humanos normales nunca podrían hacerlo... Se preguntó si serían capaces
de manipular la Red en un nivel más profundo y si acaso todos estos
cambios los podría estar realizando alguno particularmente poderoso o
inteligente, o un grupo de ellos, y en ese caso que motivaciones podían
tener para afectar la percepción de unos pocos…
Bien, podría preguntarles luego cuando empezaran a llegar de a miles, como sabía que sucedería.
Quizás podría sacar algo bueno de la desgracia que se le acercaba.
Suspiró. Cualquier cosa con tal de saber que Dominique estaba bien.
Ella esta bien, Arisa la cuida. Le respondió el espíritu al cabo de un tiempo. Fue fácil encontrarla. El niño sonrió y Evan frunció el ceño.
- ¿Dónde están?
En la calle frente a tu casa. Aparentemente estaban volviendo...
-
¿Cómo sabes todo eso? – Preguntó sin poder resistir su curiosidad. Por
alguna razón la actitud del niño había calmado su momento paranoico.
Los humanos utilizan la Red para comunicarse con las bases de datos, donde está la información que buscan. Evan asintió, esa era información básica que cualquier niño podía saber. Nosotros hablamos con la Red, y ella nos dice lo que queremos saber.
El espíritu rió suavemente y le dirigió una reverencia juguetona, su solemnidad anterior totalmente olvidada.
- ¿Cuál es tu nombre? – Preguntó Evan, tan conversacionalmente como su interés le permitía.
Se me conoce como Abel… Soy la conciencia del Servidor de esta área.
Por
un momento que se sintió eterno, ambos guardaron silencio. Los
pensamientos de que la conciencia de un Servidor tendría más que
suficiente poder para cambiar los pájaros por otros invadieron
rápidamente su mente. Evan suspiró.
- Fantástico… - Ahora si que estaba metido en un buen problema.
El
tiempo de las noticias se terminó. Tengo tareas que completar, y en tu
lugar yo le haría caso a mis corazonadas y volvería a casa.
-
Lo sé. Eso planeaba hacer de todos modos. – El joven giró los ojos. Lo
que le faltaba a su vida era un espíritu que quería hacer las veces de
su conciencia.
Y quizás dejaría de hablar con los espíritus. No somos exactamente la mejor fuente de información.
- Eso también lo sé. Créeme que lo sé.
El
espíritu volvió a reír y se despidió con otra reverencia juguetona, que
dejó a Evan preguntándose si este niño realmente era quien decía ser o
si simplemente estaba loco o mintiendo. No podía decidirse por ninguna
de las tres opciones, porque cualquiera de ellas hubiera tenido sentido
en esta situación.
Y cada una de ellas tenía consecuencias peores que la anterior.
Volvió
al garaje y se despidió de sus compañeros, diciéndoles que tenía que
volver a casa porque Dominique lo había llamado. Todos se despidieron
normalmente, y nadie sospechó nada. Nadie notó los cambios en las
telas, en las maderas, en las aves que ya no cantaban porque la noche
había caído horas atrás.
Nadie dijo nada.
Evan levantó la mirada al cielo y pidió a todas las deidades que conocía que le brindaran mucha paciencia.
Sabía que iba a necesitarla.
Llegó a su casa a las once y media de la noche.
Dominique
dormitaba en el sofá, quizás hablaba con un espíritu o soñaba con
aquella niña. Evan no se atrevió a molestarla. Nunca lo hacía en parte
por el temor de que las conexiones neurales de la Red terminaran
haciendo algo inimaginable con el cerebro de su hermana si la
despertaba de golpe (cosa que supuestamente era imposible, pero el
había visto a los espíritus de la Red y a esta altura no estaba seguro
del todo sobre que era imposible y que no).
Se asomó en la habitación de Agnes e Ismael y los saludó.
Ismael
le comentó que Dominique había vuelto apenas unos minutos después de su
llamada, y que había traído algunos dulces para levantar el ánimo de su
madre.
Su temor se confirmó. Se había metido en un problema gigantesco por ser un paranoico.
Quiso
correr y entrar en pánico pero solo sonrió. Los dos adultos ya tenían
suficientes problemas siendo adultos. Estaría bien, se las iba a
arreglar.
Dominique apareció en la cocina cuando el estaba preparándose un sándwich.
Estaba
un poco despeinada, pero tenía una sonrisa en el rostro. Ayudó a Evan a
preparar otro sándwich más y ambos comieron mientras veían la
televisión en el sofá de la sala. Durante toda la cena improvisada su
hermano le dirigió pequeñas miradas furtivas, hasta que finalmente
Dominique rió suavemente y asintió con la cabeza.
- Abel me dijo que
hoy hablaste con el, pero no me dijo de que. – Fue el modo en el que
comenzó la charla. Evan quería enterrarse cincuenta metros bajo tierra.
- Era curiosidad. – Le dijo él. – Lo veía mucho alrededor.
- ¡Estabas preocupado por mi! – Ella rió, juguetonamente. – Eres el más dulce hermano del mundo.
- Ah, ya cállate. – El rió también, todo parecía estar bien.
-
¿Verdad que es interesante? Yo no podía creérmelo cuando me dijo que
era el espíritu del Servidor. – Dominique miró fijamente a la
televisión y luego a Evan. – ¿Crees que sea verdad?
- No lo sé. No deberíamos confiarnos completamente de lo que dice un espíritu.
Eran
palabras inteligentes, y como la mayoría de las palabras de ese tipo se
perdieron con un simple sonido del televisor. Alguien había cambiado el
canal, alguien que no era Evan ni Dominique, y había decidido que era
un buen momento para ver las noticias.
Los dos jóvenes se miraron el uno al otro y luego a la pantalla con un poco de duda.
La televisión los recibió con la noticia de que siete científicos del Grupo A habían muerto ese día.
De
esos siete, tres pertenecían a la división Rhodes, dos a la división
Brand y dos a la división Lowe. Según las noticias, los siete
científicos estaban trabajando en un proyecto completamente nuevo,
junto con un equipo bastante numeroso de personas.
Ninguno de
los siete presentaba marcas de armas, y no existían señales de pelea o
de que alguien hubiera entrado siquiera en sus casas. Sin embargo los
siete habían muerto durante la noche, y habían aparecido decapitados en
sus respectivas camas.
El Grupo A aun no había dado un anuncio
oficial, a pesar de que habían pasado ya más de cinco horas desde que
la información de los asesinatos había comenzado a rondar la Red. La
mayoría comentaban sobre lo extraño de esa situación, ya que
normalmente el Grupo mantenía una política de nunca tener más de dos
horas de tiempo entre los sucesos y los anuncios.
También se decía
que las noticias se habían filtrado por medio de algunas fotografías de
los cuerpos enviadas anónimamente a los medios, por quien la mayoría
creían debía ser el asesino.
Este canal en particular
prefería no mostrarlas por la naturaleza cruda de las mismas, pero
seguramente estarían en todos los foros de la Red en los próximos días,
solo bastaba con que un canal las mostrara y todo el mundo sabía que
sucedería.
Nada se mencionaba sobre el proyecto en particular ni de
que se trataba, pero si se dio aviso de que por el momento y hasta que
se lograra resolver el misterio detrás de los crímenes, el proyecto
estaría suspendido.
Evan y Dominique se miraron intranquilos.
Por
un momento los dos entendieron porque era que Abel quería que vieran
las noticias. Porque quería que estuvieran en la casa... Entendieron
que Abel sabía lo que la televisión iba a decir y cuando... Entendieron
algo que ya sospechaban.
Todo tenía relación. Y algo grande iba a
suceder pronto. Algo lo suficientemente grande para matar a otros por
ello, algo lo suficientemente grande para que la propia red comenzara a
defenderse... Y aparentemente ellos estaban en medio de todo eso.
El
canal que había elegido Abel para mostrarles los problemas del día
había sido un poquito más sensacionalista de lo que cualquiera de los
dos esperaba o quería.
Cuando el shock se les pasó un poco, Evan
cambió de vuelta a su canal favorito. Quizás la bonita sonrisa de
Lorena podía quitarle un poco los nervios que no podía dejar de sentir.
Comprobó
que no era así, pero al menos las noticias sonaban menos excesivas
cuando ella las explicaba. Al menos ella tenía la delicadeza de fingir
que estaba preocupada por las almas de estos hombres y mujeres
Observó a su hermana y no pudo evitar sentirse algo preocupado, Dominique parecía pensativa, quizás demasiado.
-
Esta es la clase de problemas en las que nos metemos siempre. – Le
dijo, para que dejara de pensar tanto. – Es como la vez que rompiste el
jarrón de mama.
- ¡Ese lo rompiste tú! – Respondió ella indignada.
La mirada ausente abandonó su rostro inmediatamente y ambos rieron por
un momento.
- ¿En que pensabas?
- Me pregunto si todo esto tendrá relación con la niña... La de mis sueños.
- Probablemente. – Concedió Evan. – Probablemente todo lo que está sucediendo tenga relación con ella.
- La próxima vez... Le voy a preguntar. Quizás ella pueda ayudar un poco.
- La próxima vez, dices... No puedo dejar de preocuparme por eso... ¿Que sigue...?
- Pro ahora no hay más que podamos hacer. – Dominique sonrió. – Hablaré con los espíritus para pedirles ayuda.
-
Si el problema era con este proyecto, entonces no debería pasar nada
más. – Agregó el, aunque su voz no parecía totalmente convencida.
- Entonces vamos a desear que sea verdad.
Ambos suspiraron al unísono.
- Ahí vamos de nuevo, ¿Eh? – Evan rió por lo bajo y Dominique sonrió.
- Solo que esta vez es de verdad.
- Si... – Evan suspiró. – Esta vez es de verdad.