Capítulo Segundo.
Sobre los amigos de Dominique y la llegada de William Lowe.


Dominique Saez disfrutaba cada minuto de su existencia como solo puede disfrutarlo una adolescente sin preocupaciones.
Tenía todo lo que podía desear.

Su familia era fantástica, la Red era lo mejor del mundo y tenía miles de amigos.
No tenía amigos reales, las pocas personas que conocía eran los amigos de Evan, que la consideraban parte de su grupo, pero tenía muchísimos amigos.

Dominique hablaba con los espíritus.
Cuando el primero de ellos se le había acercado, ella no tenía más de dos años. El único que había entendido lo que sucedía era Evan.

Su madre le había dicho que los amigos imaginarios no eran una cosa mala, pero ella sabía que no eran imaginarios. Cuando cumplió los diez, Evan había comenzado a negar que los pudiera ver, pero Dominique sabía que no era así. Los espíritus se volvieron el secreto que ellos compartían, y eso los unió más que cualquier lazo de sangre.

Años después, había aprendido sobre las teorías que otros tenían sobre los Espíritus de la Red, pero la verdad, o al menos lo que ella creía que era la verdad, se la había explicado Arisa, una pequeña de largo cabello y bonitos ojos azules. Cuando Dominique la conoció, el espíritu aparentaba trece años. Doce años después, seguían manteniéndose unidas y Arisa siempre le decía que ella era su ángel guardián.

De ella había aprendido que a veces, algunas personas mueren cuando están en la red.
No mueren por causa de la Red, Arisa no recordaba que algo así pudiera suceder, pero si mueren mientras están en línea. Y a veces, sus mentes y sus almas no quieren dejar la Red.
En teoría no era muy diferente de como un alma no dejaba el mundo real cuando tiene asuntos pendientes.


Por el otro lado, otro de los Espíritus le había dicho que los espíritus eran programas que tomaban formas en la Red y que muchos de ellos habían desarrollado su propia inteligencia. Esta había sido la explicación favorita de Evan y la razón principal por la que los ignoraba, pero esa versión de la historia no había funcionado con Dominique. Ella creía en los espíritus y en la fuerza de las almas para seguir existiendo lejos de los cuerpos.
Ella amaba los misterios y por eso adoraba la Red.


Y finalmente, Evan había terminado en terapia entre los doce y los quince. Dominique nunca supo exactamente porqué era que su madre había tomado esa decisión, ya que durante esa semana ella había estado en una excursión del colegio, pero desde ese día su madre siempre se veía tan nerviosa cuando ella hablaba con un espíritu que Dominique aprendió a hablarles con la voz de adentro.

Sabía que la mayoría de la gente solamente podía hablar con los espíritus cuando utilizaban su voz real, que ni la voz interior ni la voz de la red los alcanzaba. Eso se lo había contado Arisa, que la había elogiado por ser capaz de hacer algo así. Desde ese día, Dominique hablaba con los espíritus siempre que podía.


Como todos los admiradores de la Red, ella era inevitablemente una admiradora del Triunvirato del Grupo A.
Admiraba sin límites a Wilhelm Lowe, el investigador inicial y de quien provenía el concepto de la Red, a Margaretha Brand, que había diseñado la infraestructura y a Gabriel Rhodes, que era el programador principal.
De esas tres personas, solo uno vivía aun, Gabriel Rhodes había sido joven al inicio de la Red e incluso ahora seguía trabajando aunque había abandonado la vida pública. De los otros dos sus herederos, el hijo de Lowe, William y la nieta de Brand, Kathe, eran la cabeza del Grupo A.

A pesar de que era el padre de Evan, Dominique solo había visto a William un par de veces en su vida. El parecía ser de esos hombres que aman su investigación y su trabajo más de lo que es saludable, y de acuerdo a su madre, nunca había sido diferente.
Se podía ver perfectamente que el mantener la Red funcionando, que el avanzar y aprender cada vez más era la pasión y la vida de ese hombre. Estaba casado con su trabajo, como solía decir Agnes.

Y desde que siete días atrás William había anunciado que visitaría la zona del servidor Abel, Dominique no hacía más que cruzar los dedos para que el pasara a visitar. Seguro lo haría, porque siempre visitaba a Agnes, pero era una persona ocupada y quizás su agenda estaría demasiado llena...
Y por supuesto, desde ese día, Evan había estado particularmente irritable.




William Lowe llegó a la casa de su ex mujer el lunes muy pasada la medianoche, acompañado de un chico y una chica.
Agnes recibió a su ex marido con un abrazo, Ismael con un apretón de manos, Dominique con una sonrisa y un beso en cada mejilla y Evan si hubiera podido lo habría recibido con un puñetazo en la nariz. Como no podía solamente inclinó la cabeza a modo de reconocimiento. Concluidos los formalismos, presentó a sus dos acompañantes.
- El es Tyler Briggs, - les dijo, indicando al joven con un gesto. – Es parte de la Generación, está asistiéndome con los detalles finales de la actualización de Abel.
El joven no aparentaba más de veinte años, pero debía ser sumamente hábil en el uso de la Red para que William decidiera elegirlo. Tenía la piel bronceada y el cabello recogido le llegaba por debajo de los hombros, por su modo de vestir parecía ser norteamericano.
- Es un gusto. – Dijo, estrechando manos como era usual.
- Y ella es Paige Moore, - Agregó William. – Es la representante de la división de Rhodes.
- Muchas gracias por recibirnos, - agregó ella, parecía tener unos veintitrés años, y su inglés tenía un acento claramente británico. Vestía como si fuese varios años mayor.
- Ellos son Agnes, Ismael, Dominique y Evan, - continuó William retomando las riendas de la conversación. – Ya les he hablado de ellos.
Evan frunció el ceño y se apartó un poco del grupo. Algo no le gustaba del modo en que los recién llegados lo veían. Eso o quizás el que vinieran acompañando a su padre lo estaba poniendo paranoico, pero para los efectos prácticos era lo mismo.
- ¿Tienen dónde pasar la noche? – Preguntó Ismael. – Pueden utilizar nuestras habitaciones de huéspedes.
- Yo tengo que comenzar mi trabajo temprano así que me retiraré en unos minutos. - Replicó William. – Pero si no es mayor molestia, Tyler y Paige necesitarán un lugar donde quedarse mientras completo los trámites aquí, su visita estaba fuera de lo planeado.
- Claro que no, - Esta vez fue el turno de Agnes de tomar las riendas. – Sabes que siempre es un gusto tener visitas en casa. Evan, ¿Puedes preparara dos de las habitaciones?
- De acuerdo. – Respondió él, retirándose lo más rápido que le fue posible. A veces Evan realmente amaba a su madre.


Mientras acomodaba la primera de las dos habitaciones, uno de los espíritus se acercó a el. Era aquella niña que siempre estaba con Dominique (Arisa, suplió su memoria). Como de costumbre Evan la ignoró.
Ten cuidado…

El joven levantó para observar al espíritu.
- Vete. – Le dijo simplemente mientras terminaba sus tareas. – Ustedes siempre me traen problemas.

Ten cuidado, Evan… Algo esta mal...

El joven suspiró, y una vez más cerró sus oídos a la voz de la niña.



Mientras su hermano preparaba las dos habitaciones, Dominique volvió absolutamente locos a Tyler y Paige preguntándoles sobre su trabajo. Ambos demostraron una paciencia sobrenatural al calmamente responder todas las preguntas que sus contratos les permitieran y Tyler incluso se ofreció a llevarla a dar un pequeño paseo por algunos lugares donde podía obtener bastante información sobre los temas que la fascinaban. Solo con eso se ganó la adoración de Dominique, quien se fue a acostar sin dejar de pensar en la Red.

Evan por su parte se retiró a su habitación una vez hubo terminado sus tareas. Encontró a Jay en línea y hablaron un poco, pero no pudo distraerse del hecho de que el Bastardo Real estaba de visita, ni de que su Séquito lo hacía sentirse terriblemente incómodo.


Eran las dos de la mañana cuando escuchó ruidos en el corredor.
Se asomó y siguió los sonidos para encontrarse con la chica (cuyo nombre no podía recordar), ahora sentada en la sala. Los susurros suaves y su mirada perdida le indicaron que probablemente estaría en una reunión.
Comenzó a retirarse en silencio cuando una voz lo detuvo.
- ¿Evan? – Lo llamó ella, girando para verlo. El evitó su mirada.
- Estabas trabajando, disculpa. – Respondió el, retomando su camino hacia el piso de arriba.
- No hace falta disculparse, - replicó ella riendo suavemente. – Ya había terminado, pero no quería molestar a nadie arriba.
- No molestarías a nadie, normalmente todos estamos en la Red a esta hora. – Explicó.
- Ah... – Paige rió, un poco avergonzada. – Debí imaginarlo, siempre se duermen mucho más tarde en estas zonas... Además el tiempo de reacción de la Red en este lugar es increíble... Es casi como si estuviéramos cerca de un Servidor...
- Es esta casa... Por alguna razón la señal siempre es mejor... William la eligió por eso.
Evan frunció el ceño al mencionarlo, debía retirarse ahora, pero su hospitalidad y su naturaleza más bien sociable (y quizás la sonrisa de la chica, pero eso iba mucho más allá del control de un varón de diecisiete años) le ganaron.
- ¿Quieres algo de tomar? – Ofreció.
- Si, por favor. Déjame ayudarte.

Evan puso a calentar el agua para el té y ella preparó las tazas. Luego conversaron por algunos minutos sobre las diferencias de horarios y el jet lag. Ella le comentó que estaba trabajando en las oficinas principales en la zona de Anya (el servidor mayor de Asia, que recientemente había sido reinstalado en Tokyo proviniendo desde el este de Rusia que era donde lo habían llevado en su versión anterior).
- ¿Planeas entrar a trabajar en el Grupo cuando termines tus estudios? – Le preguntó ella. Esa pregunta frustraba un poco a Evan, odiaba que todo el mundo asumiera que por ser hijo de William el querría seguir sus pasos. De todos modos sabía mejor que ofenderse con ella, claro, el mismo hubiera pensado eso de encontrarse en otra posición.
- Lo dudo. – Respondió e inmediatamente agregó, – Planeo trabajar con la Red de todos modos, pero no quiero entrar en A.
Ella pareció genuinamente sorprendida. El sonido del agua hirviendo la ayudó a disimular un poco ese hecho.
- ¿Entonces planeas trabajar independientemente? – Paige sonrió, mientras servía el té. – Es un camino duro. Pero dicen que es mucho más gratificante.
- De todos modos aún me faltan unos años de estudios si continúo yendo a las clases duales.
- Yo asistí a duales también. – Ella rió un poco, extendiéndole una de las tazas. – Uno de mis hermanos menores fue a una academia especial y se graduó antes que yo. Estuve ofendida con él por meses.
- Dominique probablemente se gradúe antes que yo.
- Pero tú también eres parte de la Generación, ¿Verdad?
- Así es. – Evan bebió un trago de su té. – Pero prefiero el método tradicional.

Otro sonido desde la sala interrumpió la conversación. Paige se asomó desde la cocina para encontrarse a Tyler, quién aparentemente discutía acaloradamente por la Red si se tomaba como punto de referencia la expresión de su rostro y sus movimientos.
- Deberías guardar silencio. – Lo amonestó. – Somos invitados.
El le respondió con un gesto y una expresión que decían “regáñame luego”. Evan se asomó para verlo y se encogió de hombros antes de volver a su lugar en la cocina.
Paige volvió también y rió suavemente.
- Nada que se pueda hacer, debe estar teniendo problemas de nuevo.
- ¿De nuevo? – Evan no pudo contener su curiosidad. – Lo dices como si fuera normal.
- Te asombrarías... – Paige rió quedamente. – Te asombrarías...

Tyler entró a la cocina unos diez minutos después. Durante un brevísimo momento, su mirada se fijó en un punto debajo de las alacenas. Fue entonces que Evan supo que era lo que no dejaba de molestarle de esta persona.


En aquel lugar, normalmente había un espíritu.



Hablaron los tres hasta que Paige se excusó para ir a descansar. Apenas ella hubo abandonado la habitación Evan y Tyler volvieron sus miradas el uno al otro y se observaron en completo silencio por varios minutos.

- ¿Desde cuando los ves? – Dijo Evan, su voz rompiendo la calma de la habitación y la tensión que se había creado.
- ¿Ver qué? – Atajó el invitado con una sonrisa.
- A los espíritus. – Contestó el joven que en este momento no estaba del más mínimo humor para evasivas inútiles. - ¿Hace cuánto los ves?
- Desde hace años. – Tyler rió, sentándose en una de las sillas de la cocina. – Así que tú también los ves, ¿Eh?... Sabía que tu hermana podía, pero esto es bastante sorprendente, considerando que existe una chance en cien mil de que un niño nazca como parte de la Generación, y...
- ¿Sabes que son? – Lo interrumpió Evan. 
- Vaya... – El recién llegado parecía más que divertido con los sucesos. – No, no lo se. Llevo tiempo estudiándolos, pero debido a la falta de gente de la Generación es muy difícil conseguir testigos de su existencia... Ya en varios lugares me han tildado de loco por esto.
- Lo se.
- Es un misterio incluso para los estudiosos... Las dos teorías más fuertes son totalmente contradictorias; una afirma que son almas humanas y la otra que son inteligencias artificiales en crecimiento. Cualquiera de las dos teorías les daría voluntad propia pero no un cuerpo, lo que significa que existen en la Red... Y son algo exclusivo de la Generación...
- Pero no todos pueden verlos. – Lo volvió a interrumpir Evan. – No sabemos si acaso otras personas que no pertenezcan a la Generación puedan verlos... Incluso la mayoría de las personas que si pertenecen no los puede ver, no podemos basarnos en eso.
- Por supuesto, pero hasta ahora nadie que no sea uno de nosotros los ha podido ver...Todas y cada una de las más de cincuenta personas que hemos encontrado que pueden interactuar con los espíritus son parte de la Generación...

La mente de Evan comenzó a volar antes de que el pudiera detenerla. Si una persona en cien mil pertenecía a la generación, eso dejaba aproximadamente noventa mil personas del mundo. Si de esas noventa mil, solamente cincuenta o sesenta habían tenido una experiencia de primera mano con los espíritus...
- ¿Sabe William de esto? – Se encontró preguntando antes de notarlo.
- ¿De mi trabajo o de los espíritus? De lo primero si, de lo segundo también, pero si cree en ello eso nadie lo sabe. Tu padre es una persona muy especial, pero el jefe es el jefe.
- Ya veo.
- Sabes... – Tyler se puso de pie y le dirigió una sonrisa, - Somos el futuro de este mundo. Algún día todos serán parte de la Generación... El mundo cambiará ese día y llegaremos a una nueva era...
Los números volaban por su cabeza y Evan decidió que sería mejor no pensar más en ello. Se despidió educadamente y fue a encerrarse a su cuarto. El espíritu en su habitación lo observó en calma y el lo ignoró.

Como odiaba a esta clase de gente, pensó mientras se dejaba caer en su cama, y ausentemente registraba que eran más de las cinco de la mañana. Los fanáticos que creían que la Generación era el próximo paso en la evolución y simplemente no podían quedarse callados en cuanto a eso... Sin embargo a pesar de su desagrado hacia esa clase de personas, Evan solo podía pensar en que lo que mas odiaba de Tyler era que hablaba del mismo modo en que su padre solía hacerlo.

La respuesta duerme en Treinta Cero... Te espera...
- ¿Espera por mi? – Preguntó Dominique, utilizando su voz interior.
Espera por ti. Te llama su gemela, su complemento... Nosotros no podemos entender que dice.

El espíritu era un niño. Un pequeño de ojos verdes y cabello negro que estaba de pie junto a la cama. Vestía de blanco y su piel era muy pálida, eso era algo que tenían en común la gran mayoría de los espíritus, incluso aquellos que no tenían la piel blanca.
- ¿Dónde queda Treinta Cero...? – Preguntó, sentándose para verlo mejor.
Treinta Cero... Nosotros no podemos ir, no podemos hablar... Pero encuentra la respuesta... Para eso nos enviaron, por eso existimos....
- Lo buscaré... Yo voy a ayudarlos. – Dominique sonrió. – Aunque no va a ser fácil.
Arisa te protege, y por eso eres nuestra hermana... Pide ayuda a Evan, el también es nuestro protegido.
- El no quiere hablarles... Y eso es culpa de ustedes, deberían dejar de perseguirlo. 
Enséñale a hablar como tú lo haces.
- Lo intentaré. ¿Cuál es tu nombre?
Soy Abel...


Esa noche, soñó con una niña que la llamaba y con una pequeña mano que tomaba la suya y la guiaba por un templo.

Dominique abrió los ojos y se levantó de la cama.
No se conectó a la red ya que no se había desconectado en la noche. Nunca lo hacía aunque todos aconsejaban que era mejor cerrar las conexiones neurales cuando no se estaba conciente, supuestamente el no cerrarlas no dejaba a la mente descansar completamente, pero contrariamente a eso a Dominique le costaba dormirse si no estaba en línea.

Se puso de pie y metió la cabeza en su armario para decidir que ponerse. Hoy había logrado convencer a William de acompañarla a ver las oficinas del Grupo luego de clases y tenía que verse bien si quería robarle algo de información sobre lo que había pasado durante aquellos treinta y tres segundos.

En parte nunca lograba comprender como era que Evan podía amar tanto a la red y odiar tanto a su padre. Entendía que William era un hombre bastante distraído y probablemente el padre menos atento del mundo, pero tampoco era tan terrible. Incluso el propio Evan había admitido que no tenía exactamente los mejores motivos para odiarlo, considerando que había seguido pagando los gastos de su hijo hasta hoy en día, y que visitaba siempre que podía.

Los espíritus parecían entender algo que ella no. La mayoría de ellos evitaban hablar de Evan y de William cuando ella les preguntaba que opinaban; y los pocos que le hablaban de esos temas, evitaban decirle cosas importantes. Eso la frustraba un poco, pero suponía que debían tener sus razones. Los espíritus parecían nunca hacer cosas sin tener razones.
Aparentemente los espíritus también querían a William, y estaban interesados en que Evan volviera a hablar con ellos. Eso para Dominique era más que suficiente terreno en común.

Los espíritus también le habían contado que el recién llegado, Tyler, podía verlos. Ella simplemente no podía creer su buena suerte, hasta ahora no había conocido directamente a nadie que realmente pudiera ver el mundo oculto en lo profundo de la Red y eso era más que suficiente motivo para estar totalmente fascinada con aquel joven... Además era bastante guapo. Pero eso no lo iba a decir en voz alta, porque temía que Evan decidiera comérselo vivo.

Se cambió de ropa, y antes de bajar las escaleras entró en la habitación de Evan para despertarlo.
De acuerdo al ritual matutino, lo golpeó con las almohadas hasta que el comenzó a golpearla de vuelta. Después gritó (el ya clásico “Mama, Evan me está pegando”) y bajo corriendo las escaleras para comenzar a poner la mesa.

Evan llegó algunos minutos después, Agnes ya estaba en la cocina y Dominique lo miró con sus enormes ojos llenos de inocencia.
- ¿Dormiste bien?
- Si, hasta que un elefante me despertó.
- Duermes demasiado. – Lo reprochó ella con una risita.
- Claro. Y tu no.
- Para tu información... – Dominique interrumpió su discurso cuando vio a los invitados entrar a la cocina. – Tyler, Paige... ¡Buenos días!
- Buenos días. – Corearon los recién llegados, sentándose en los lugares que Evan indicaba.
- Espero que hayan descansado bien... – Agregó Agnes con una sonrisa. Sus hijos la notaron un poco pálida y cansada, e intercambiaron miradas. La salud de su madre siempre había sido frágil y eso los preocupaba, así que en silencio acordaron mantenerse atentos.
- Si, muchísimas gracias. – Respondió Paige, toda sonrisas.
- Esta noche nosotros invitaremos la cena para agradecer su hospitalidad. – Agregó Tyler.
- No hace falta, fue nuestro placer...
- De todos modos. No nos sentiremos bien de lo contrario...
Agnes rió suavemente y aceptó la oferta con gracia. Ismael llegó a los pocos minutos, la Planilla lo condenaba a sacar la basura.





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