Prólogo.
Esa mañana, decidió que el universo debía terminar.
Sabía que no era alguien realmente capaz de hacer tal cosa, pero frente a la oportunidad quizás lo hubiera hecho.
Quizás
hubiera decidido detener los engranajes del mundo y dejar a la gente
abandonada a merced del ambiente que ya no podían controlar…
Pero solo quizás…
Porque
a la vez no se sentía capaz de abandonar una existencia tan especial
como la de la humanidad. Una existencia llena de vivencias y
elecciones, de sentimientos buenos y malos, de tantos cambios…
Aunque
por otro lado, a ella no le gustaban los cambios. Nunca le habían
gustado, la hacían sentirse sola y abandonada en medio de la nada.
Perdida sin guía…
Por
los cambios era que ese día había empezado a pensar esas cosas. Su
mente nunca se hubiera dirigido a una idea tan absurda como acabar con
el mundo utópico que la humanidad había creado para sí de no ser por
eso…
Quizás con un poco de nervios, notó que la Red no estaba en línea.
No
recordaba cuando era la última vez que había sucedido algo así. Quizás
porque ella siempre estaba en la conexión principal, cómodamente
observando, jugando como una niña, cuidándola como una madre…
Porque ese era su trabajo y ella lo amaba.
Por
primera vez en mucho tiempo apoyó sus pies descalzos en el suelo frío y
caminó lentamente. Pronto todo estaría de vuelta y esos pensamientos
perversos abandonarían su mente. Pronto, todo estaría de vuelta a lo
normal…
Suspiró e intentó alcanzar la Red una vez más.
Esta vez sintió el suave tirón de la respuesta que esperaba.
Sonrió.
Treinta y tres segundos podían ser una eternidad.